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Mario Antuña

Orgullo de su pueblo

El vacío insondable que deja la ausencia de Chema Blanco

Saber que la Parca te había señalado con su guadaña apenas mitiga el desasosiego y el dolor que tu marcha nos provoca a quienes te hemos conocido. Si tú querías muchísimo a todos, todos te seguimos queriendo mucho. Porque Chema Blanco encarnaba la virtud humana en sus más amplias acepciones: cariño, bondad, entrega, trabajo, creatividad, esfuerzo, desinterés... No resulta extraño que cuando un grupo de sus amigos decidieran propiciar su nombramiento como hijo predilecto de San Martín del Rey Aurelio, en 2014, solo encontrasen facilidades. Decir Chema Blanco era la mejor tarjeta de visita, la llave que abría todas las puertas, impulsaba voluntades, su crédito era inmenso. Cuarenta y una asociaciones del concejo se adhirieron a la petición, magníficamente recogida por la Administración local. La larga lista resume el respeto y afecto que concitaba.

Su ausencia deja en El Entrego, en particular, y en San Martín del Rey Aurelio, en general, un vacío hondo, inmenso, insondable. Y en quienes le conocimos, además, una huella imborrable. Su legado, como el Museo de la Minería y la creación de la fiesta de les Cebolles Rellenes, perdurará para beneficio de los entreguinos y de los vecinos del concejo. Otro de sus legados, su magnífico archivo histórico, tenaz y laboriosamente elaborado, no debería caer en el olvido.

Todo gran hombre suele legar una espléndida familia. La de Chema Blanco puede sentirse orgullosa del cariño que repartió y atesoró, porque era orgullo de su pueblo.

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