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El submarino de Mieres cumple 135 años

La historia del fallido proyecto del ingeniero mecánico Buenaventura Junquera

El 16 de noviembre de 1885, la prensa regional (diario El Carbayón) publicaba una sorprendente noticia: “Parece ser que, en estos días, en el río Caudal y cerca de Mieres, se han verificado ensayos con un pequeño modelo del buque torpedero, submarino”. Unas pruebas que, además, habían conseguido “resultados satisfactorios”.

Hasta donde sabemos por algunas fuentes (Ernesto Burgos, en su artículo publicado en LA NUEVA ESPAÑA, “Un submarino en el río Caudal”), se había construido una represa en Sueros, próxima a las instalaciones de la Fábrica de Mieres, propiedad de Numa Guilhou.

Mieres, su río Caudal, nuestras tierras y aguas conocidas por el carbón y la siderurgia se convertían, con aquella información, en un punto geográfico de referencia por algo tan propio de los mares como un submarino.

En fechas posteriores, se hizo eco la prensa madrileña: El Globo, El Correo Militar, El Día, La Época y tenemos pruebas del resto del país: La Paz de Murcia, El Correo Gallego, Diario de Avisos de La Coruña.

El proyecto de sumergible era invento de Buenaventura Junquera, ingeniero mecánico, exoficial de artillería y en ese momento secretario del Consejo de Administración de la Fábrica de Mieres con residencia en una de las casas construidas para directivos en La Rebollada (artículo de Ernesto Burgos “Arriba el periscopio” en LA NUEVA ESPAÑA).

Junquera venía desarrollando su idea desde un tiempo atrás. Esto lo sabemos no solo por una lógica de planificación, sino también porque algunos periódicos se habían hecho eco de ello. Concretamente, el 6 de octubre podíamos leer: “Dos españoles, el teniente de navío señor Peral y el Sr. Junquera, individuo que fue del cuerpo de artillería del ejército han pretendido resolver el problema de la navegación submarina, y hay fundadas esperanzas de que el éxito corone sus esfuerzos”. La información, así redactada, tuvo que suscitar interpretaciones equivocadas, es decir, podía entenderse como una colaboración de ambos inventores, algo que la prensa tuvo que matizar “el proyecto del señor Peral es del todo ajeno al que pueda tener el señor Junquera, no habiendo mediado hasta ahora entre dichos señores ninguna clase de comunicación ni relaciones”.

La cronología fue la siguiente: el 16 de noviembre de 1885, la prensa regional y, posteriormente la nacional, dieron a conocer los ensayos que en fechas inmediatas a ese día se habían realizado. El 14 de enero de 1886, Junquera había tenido una reunión con el ministro de Marina, Beránger, en la que “le expuso los planos del barco que ha ideado, y le explicó el sistema y los procedimientos que deben emplearse en esa reforma”. El ministro aclaró que debía aprobarse el presupuesto en las Cortes para contar con recursos suficientes y hacer el ensayo del nuevo invento debiendo aplazarse hasta entonces.

El 3 de febrero la prensa madrileña daba por desestimado ministerialmente el proyecto de Junquera quien “no ha podido obtener del Gobierno los fondos necesarios”, pero es que, además, se afirmaba que “de un día a otro saldrá para Inglaterra con objeto de presentar el proyecto al Gobierno inglés o a alguna casa constructora”. Mucho cambiaron en dos días las cosas porque, el 5 de febrero, el proyecto, siempre según la prensa, había tenido buena acogida en el ministerio y se invitaba a Junquera “a que diese al centro técnico de la armada los antecedentes precisos para poder informar”. Un paso imprescindible a efectos de obtener la aprobación y poder destinar los fondos pertinentes: “El general Beránger no podía ordenar los ensayos del invento por la vista solo del plano y sin especificación alguna”.

El proyecto seguía adelante, aunque en muchas redacciones no se debieron de enterar de la noticia (si es que Junquera fue a Inglaterra, al menos no lo hizo con motivo del sumergible). Un periódico creaba la alarma, otros le seguían: “Sospecha El Comercio, de Gijón, que el viaje al extranjero del exoficial de artillería Sr. Junquera, inventor del torpedero submarino, tenga alguna relación con este proyecto, toda vez que el ministro de Marina, a quien se ha presentado, no ha podido conceder subvención alguna para la construcción. El colega llama la atención de todos los periódicos, por si se pudiera evitarse de algún modo el sonrojo de que otro país aproveche el invento de un español, que acaso diera los resultados felices ya previstos por la prensa científica”.

Y sí que la llamó. Al carro se subieron, el mismo día 5, El Liberal y El Carbayón; el día 6, La Discusión y El Imparcial; pero no se quedó ahí, el día 9, La Estafeta del Noroeste; el 12, El Balear. Más sorprendente El Liberal de Mahón que el día 16 reprodujo la noticia publicada ¡el 5 de febrero!, en La Época de Madrid.

¿Cómo es posible que pasaran por alto la noticia reiterada el 6 de febrero en la que se dejaba constancia que el ministro “le pidió los planos y los estudios del proyecto” para nombrar una comisión que los estudiase y propusiese lo conveniente, y habiendo accedido el autor a este pensamiento del ministro, hoy se presentó de nuevo en el ministerio y quedó acordado que facilitando todos los datos que son necesarios, se proceda a un meditado estudio del proyecto?

El 14 de febrero se publicó que el Consejo de gobierno de la marina se había reunido para nombrar una comisión compuesta de “dos ingenieros de la armada, un oficial de artillería y otro del cuerpo general” a efectos de que dictaminase sobre el proyecto y al día siguiente ya trabajaban en el asunto. Sin embargo, algún periódico se entusiasmó más allá de la realidad y el día 17 con fuentes en “noticias particulares y de buen origen” se afirmaba que el Ministro de Marina y la comisión habían “acordado la construcción del mismo, y que esta se lleve a efecto con elementos de la fábrica de Mieres y de los talleres de Gijón”. La reina regente recibió el día 17 a Junquera en audiencia durante aproximadamente una hora y se interesó por el proyecto.

Pero tras un silencio informativo llegamos al 6 de marzo y fue noticia que la comisión técnica había emitido dictamen favorable (recordemos que el 17 de febrero se daba por hecho). Pero ni el 17 de febrero, ni el 6 de marzo. Precisamente en esta última fecha, El Comercio de Gijón publicaba la noticia mejor contrastada. El periodista había hablado con Junquera en Mieres “en días pasados” y le había dicho que “espera de un momento a otro el informe de la comisión técnica sobre su proyecto, para comenzar la construcción, confiando que para el mes de agosto podrá hacer pruebas en esta concha”. Una espera sin buen resultado porque nada más se supo y un mes después no se recordaba en los periódicos.

Mieres fue escenario de pruebas de un prototipo de torpedero submarino que pretendía ser la nueva capacidad militar para la Armada. Hubiese sido un revulsivo industrial más que, sin duda, se hubiera acompañado de estrategias innovadoras.

No han llegado a nuestros días los planos del sumergible; los vio el ministro Beránger, la reina regente, los miembros de la comisión técnica e incluso Marino Fernández Canga, que contó a Ernesto Burgos haber tenido “en sus manos dos planos del submarino, uno de ellos a tamaño natural, de entre 6 y 7 metros de longitud, en el que se veía una estructura monoplaza, de no más de 1,50 de diámetro”.

Burgos explica que “estaban depositados en el taller de calderería de la empresa, el Tallerón grande”, y “fueron destruidos como otros muchos por una orden inexplicable de la jefatura”.

Tampoco la Armada conserva copias en el Archivo General de su Cuartel General, aunque permanezco a la espera de noticias del Archivo del Museo Naval y el Archivo General de la Marina Álvaro de Bazán a los que se ha derivado la consulta que hice en octubre. Dejo constancia también de la buena disposición ofrecida por la Fundación Juanelo Turriano desde donde se me facilitaron algunas referencias informativas.

La Armada española tiene en Mieres la huella de un precursor del submarino. Me sumo a la recuperación de Junquera que propiciaron artículos como los de Burgos o los autores del libro “Los desconocidos precursores españoles de la navegación submarina”. La convergencia de muchas cosas propició que la genialidad de Buenaventura eclosionase en el valle y por eso recordamos aquel 16 de noviembre de hace 135 años, en el que fue noticia que un prototipo de submarino había sido ensayado en las aguas del río Caudal.

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