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Javier García Cellino

Velando el fuego

Javier García Cellino

Más drogas

Los efectos perversos de la despolitización y de catalogar a todos los mandatarios con un único criterio

No haría falta insistir mucho sobre cuáles son los efectos de las drogas. Múltiples y complejos en toda su dimensión, interactúan directamente con el centro de placer del cerebro, cambiando el estado de ánimo, lo que permite a sus consumidores evadirse de la realidad más o menos temporalmente según los casos. De ahí que su puesta a punto en el mercado haya venido marcada por distintos motivos, entre los que nunca faltó el interés de los estados, a través de sus distintos instrumentos de persuasión, para conseguir modificar los niveles de conciencia de sus ciudadanos, sobre todo de los que presentan actitudes más lúcidas y de confrontación con los poderes. Hay testimonios sobrados sobre los efectos devastadores de la coca entre la juventud, y por si quedara alguna duda, todos hemos comprobado con nuestros ojos lo sucedido en las Cuencas con una parte de nuestros jóvenes, bastantes de ellos reivindicativos y rebeldes sociales, que acabaron sumidos en un sueño profundo del que algunos no llegaron nunca a despertar. Un viaje al infierno que no sucedió por casualidad, precisamente.

Admitido que el mundo muda su vestuario con frecuencia, sobre todo en función de los intereses del momento, uno de los efectos colaterales de esta pandemia que nos llena de aflicción es el haber abierto una vía fácil para que por ella penetre una droga que está modificando nuestra percepción de las cosas. Y me refiero a los asuntos que guardan relación con los escenarios políticos. No hacen falta alucinógenos, ni derivados del cannabis o drogas de síntesis, entre otros productos adictivos, cuando se puede modificar la mente y las percepciones que de ella se derivan de una forma más sutil y barata. Para nada hay que arremangarse los brazos o esnifar polvo blanco más o menos puro, ni tampoco es necesario mezclar pastillas con alcohol o con otros productos exóticos; basta solo con abrir bien los oídos y aspirar en profundidad la nueva melodía que invita a la relajación y al olvido de cualquier proyecto colectivo.

La letra es suave, persuasiva, fácil de aceptar por quienes acostumbran a hacer la digestión sin muchos esfuerzos estomacales. Introducción y versos llevan la misma marca: “todos los políticos son iguales, carecen de pureza, solo buscan su beneficio”, y en cuanto al estribillo, se puede optar por el que dice que “con este panorama no merece la pena esforzarse para nada” o bien “mejor hacemos olvidándonos de todo y admirando la “pureza” de los goles de Messi o de Cristiano Ronaldo”.

No me equivoco si sostengo que todos hemos escuchado esta melodía durante los últimos meses, hasta el punto de que quizás merezca la pena presentarla a Eurovisión o a algún festival famoso, ya que el soniquete no deja de tronar por cualquier esquina, si bien en bastantes ocasiones de forma interesada. Nuestros gobernantes lo están haciendo mal y, por tanto, son los culpables de todas las desgracias que nos persiguen. Infectados y muertos son el resultado de la mala gestión de quienes dirigen el país. Han perdido el rumbo, se han contagiado del bicho, ordenan cierres sin ningún criterio... O sea, que menuda la que nos ha caído encima con estos mangantes.

Lo peor de todo serán los efectos en el tiempo de esta pandemia despolitizadora. Cuando menos participación y preocupación ciudadana por los asuntos públicos, mejor que mejor, así resultará más difícil recomponer los lazos sociales. El futuro, así entendido, no se adivina muy halagüeño.

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