Suscríbete

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

Tomás Fernández Antuña

Asturias, paraíso temporal

Las hipótesis de por qué en la primera ola se hicieron bien las cosas y en la segunda se torcieron

Asturias pasó de ser ejemplo de lucha contra el Covid a convertirse ahora en una de las comunidades autónomas con mayor índice de contagios y fallecidos por número de habitantes. Fuimos, de hecho, la primera Comunidad Autónoma libre de pandemia. ¿Qué ha pasado? Yo no tengo respuesta y me cuesta encontrar una explicación razonable a tal circunstancia. Seguimos con el mismo sistema sanitario, la gestión política es la misma y si en algo se ha caracterizado Adrián Barbón en el tratamiento político de esta crisis ha sido en priorizar la salud sobre la economía. Además, desde un punto de vista sociológico, el comportamiento de los asturianos no ha sufrido un cambio en su comportamiento capaz de explicar la nefasta situación que actualmente padecemos. O dicho de otra forma; el porcentaje de ciudadanos responsables se mantiene, al igual que el de anormales.

Cuando uno no tiene explicación lógica o razonada a lo que acontece, tiende a sumergirse en el proceloso mundo de las hipótesis.

Primera hipótesis. Si los factores que inciden en la contención o expansión del virus no han variado (comportamiento cívico, gestión política de la crisis y sistema sanitario) pudiéramos concluir que el virus tiene una vida propia capaz de imponerse a cualesquiera medidas que se adopten.

Segunda hipótesis. Si cuando declaramos eso de “Asturias libre de covid” no fue cierto y aún quedaban personas asintomáticas que, sin saberlo, fueron repartiendo enfermedad.

Tercera hipótesis. Si hemos celebrado antes de tiempo la victoria. Asturias ha sido reclamo para el resto del país como territorio libre de pandemia y por nuestra región han pasado propios y extraños. Desde luego nadie podía impedirlo y, aparentemente, no había motivos para hacerlo.

Con independencia de las razones que expliquen esta situación, lo que resulta incuestionable es que el discurso moderado de Adrián Barbón (algunos lo tacharon de alarmista) era el correcto y el tiempo ha demostrado que su actitud conservadora se basaba en la fundada desconfianza de que todo esto no era más que un espejismo y que el peligro no había pasado. Sánchez, en cambio, se vanaglorió de haber superado la crisis.

Lo que no tiene explicación alguna es que teniendo índices de contagios y muertes superiores al momento en que se decretó el confinamiento, Madrid haya rechazado la petición de acogernos a la medida más dura y drástica posible. Pero Asturias, como el resto de Autonomías, no pinta nada en este asunto, pues el Gobierno central se erige en plenipotenciario en esta materia y es quien dictamina lo que puede o no hacerse en cada parte del territorio nacional. De hecho, fue Barbón quién pidió el confinamiento y Sánchez quien se lo ha denegado. Para Adrián Barbón la situación es crítica hasta el punto de solicitar tan extrema medida. No así para Sánchez. Y si al final las graves circunstancias obligan al confinamiento, ¿no habremos perdido un tiempo muy valioso? ¿Y quién va a asumir en Madrid la responsabilidad de tal desatino? Para esta última pregunta sí tengo una respuesta. Nadie.

Compartir el artículo

stats