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Ricardo Montoto

Dando la lata

Ricardo V. Montoto

Ni caso

El imposible cometido de hacernos más sensatos y prudentes

Otro de los detallitos agradables que te encuentras desde que comenzó esta pesadilla es el par de guantes de plástico usados esperándote en el fondo de la cesta o del carro del supermercado. Qué maja es la gente. En vez de desprenderse de ellos depositándolos en los recipientes que suele haber en esos establecimientos, guardarlos para tirarlos al cubo de la basura de casa o en alguna papelera de la calle, no, los dejan para ti y, así, que entren en contacto con tu compra. Va a ser verdad que se fusila demasiado poco.

Me parece que deberíamos plantearnos muy en serio qué hemos hecho tan rematadamente mal para ser cada día más tontos que el anterior. Hablo en general, porque aún quedan unos cuantos con algo de sesera, pero es que buscas una ubicación estratégica desde la que poder observar el comportamiento común de la ciudadanía y tras media hora llegas a la conclusión de que no tenemos remedio.

De hecho, resulta tan heroico como inútil el empeño de las autoridades en convencernos de que seamos sensatos y prudentes. Yo me habría rendido en la primera semana del estado de alarma. A la mierda, nos morimos todos y acabemos cuanto antes porque no hay con quien tratar. La gente pasa olímpicamente.

Y me da lástima ver al pobre presidente Barbón implorando que nos quedemos en casa y que tengamos mucho cuidado. ¿Pero no se dio cuenta aún de que no le hace caso prácticamente nadie? No sé cómo será en otros lugares, aunque las cifras dibujan un escenario similar en casi toda Europa, pero aquí apelar a la prudencia, a la solidaridad con los sanitarios y a la protección de la salud de los más vulnerables es como tratar con una pared de hormigón, que ni caso.

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