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Carlos Cuesta

A contracorriente

Carlos Cuesta

Réquiem por Maradona

Las numerosas muestras de afecto en la despedida a un personaje controvertido y un futbolista genial

Quizás el mejor jugador de la historia. Su figura trasciende más allá del deporte por su condición tan singular, contradictoria y legendaria. Su muerte inesperada a pesar de sufrir recientemente un problema cerebral y ser operado con buena recuperación, ha causado hondo pesar en todo el mundo. Un hombre joven y desgastado por sus abrazos con el “dolce far niente” y el universo de las drogas. Una vida deportiva intensa y acompañada con los vicios propios de muchos personajes de la vida buena y fácil. En Nápoles fue todo un símbolo y ganó con ese equipo del sur italiano dos campeonatos de liga. En Barcelona también dejó estela de un delantero único y eficiente. La victoria de la selección argentina contra Inglaterra en el Mundial de México en 1986, realizando un partido memorable, lo encumbró como un astro determinante.

Su trayectoria desde el humilde barrio bonarerense de Villa Forito hasta hoy es un cúmulo de momentos estupendos y negativos. Con una personalidad compleja, Maradona se hizo a sí mismo y el fútbol fue su referente y su realidad vital. Su vida estuvo sentenciada varías veces pero salió exento de una tortura que arrastraba desde hacía tiempo y como apuntan los buenos argentinos su situación anímica fue gambeteada por el destino. Hoy es triste realidad.

Y las reglas del juego de Maradona fueron seguir los consejos de su padre y convertirse en un jugador de clase a temprana edad. Todavía recuerdo un partido en la Bombonera donde jugaban el Boca Juniors y el Argentinos Juniors. En este último se movía Maradona como un pibe reciente y escurridizo, con estilo y ganas de triunfar. Yo acompañaba a mi pariente Chiche y al gran profesional González, directivo y camarógrafo respectivamente del canal 9 de la Televisión Argentina.

Era un miércoles del campeonato metropolitano de fútbol donde la barra brava y el ambiente popular me causaron todo un impacto por cómo se vivía en esa cancha el deporte rey. Allí conocí en ese estadio icónico a un joven Maradona que caminaba con paso firme hacia el estrellato futbolero. Personaje auténtico en sus inmensas paradojas y brutal en su forma de actuar. Un adicto en lucha continua y constante que supo ser feliz a su manera. Hombre directo y pasional como el tango arrabalero y el mate reconfortante. Maradona vivió conforme a su carácter y con sus virtudes y defectos dejó páginas memorables para la iconografía deportiva.

Hoy lo llora toda Argentina, lo llora Argentinos Juniors, lo llora Boca, lo llora Nápoles y también Barcelona. La Avenida de Mayo, Lavalle, Palermo o Puerto Madero lanzan sus lágrimas de congoja por la ausencia de Cebollita, ese chaval sencillo e irónico que llevó a Argentina en el corazón. Y es que gracias a la pelota, Diego Armando Maradona alcanzó el cielo con unos pies talentosos. Bonito epitafio para un personaje difícil, pero genial.

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