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Carlos Cuesta

Bayardo, vuelo hacia el cielo

Un lavianés que se convirtió en referente del Ejército del Aire

Son noticias que causan congoja, impotencia e incredulidad. Bayardo Abós Coto ha muerto. Su hermano Fernando me avisó de ese fatal mensaje. Nadie esperaba ese desenlace, pero la vida juega esas malas pasadas y deja un poso de irracionalidad razonable. Eso es la vida. Principio y Fin.

Y es que Bayardo vivió una existencia con ciertos altibajos, pero cargada de sentido común, inteligencia, esfuerzo, intensidad y mucho sacrificio. Quedó huérfano de padre a temprana edad y su madre hizo lo indecible para sacarle adelante junto a su hermano Fernando. Y lo hizo con grandeza y sentimiento.

Bayardo en su trayectoria profesional alcanzó el grado de General de División del Ejército del Aire y ya desde muy joven se decantó por el mundo de la aviación. Su carrera impecable le granjeó diferentes cargos en este universo complejo de la milicia aérea. La puesta en la renovación de la patrulla Águila tuvo mucho que ver con las ideas y la formación de Bayardo en este grupo de élite. Su hijo fue cabeza visible en los últimos años de este escuadrón de F18. Y todo lo relacionado con la estrategia y vuelos complicados, desde el Ministerio del Aire tenían en este militar de Laviana todo un adalid y un perfecto conocedor de una apretada y compleja logística, y la ventaja de su sabiduría aeronáutica.

Todavía recuerdo con satisfacción adolescente aquellos vuelos rasantes por el cielo lavianés con su potente y estruendoso F18 en sus pasadas de entrenamiento desde el aeródromo madrileño de Cuatro Vientos hasta los aires asturianos como un homenaje a su madre, su familia y amigos. Era un espectáculo impresionante observar ese artefacto, casi agarrado a Peña Mea, pegado a los edificios con su potencia y la estela que dejaba en su recorrido. Así era Bayardo, impetuoso, animado, intrépido y enamorado de su tierra, aunque el destino laboral lo llevara por otros territorios y sólo el verano lo acercara por su terruño. Hoy sus amigos y allegados lloran su pérdida y lo recuerdan como una persona abierta, leal, íntegra y entregado a su pasión aérea. El círculo aeronáutico de La Felguera del que era socio de honor le tributó hace tiempo un homenaje afecto y sentido, lo mismo que en otros lugares de España donde la aviación tiene un referente, al igual que hizo la Pegarata en su amistad. En Cuatro Vientos, San Javier, Badajoz y Canarias... dejó una huella indeleble de hombre austero, abierto, formado y entregado a su amor por la aviación. Lo mismo que en el Ministerio del Aire en Madrid y su posterior destino como director del Museo del Ejército en la capital española. Su obra queda ahí perenne como un legado para las nuevas generaciones de pilotos de aviación militar. Era uno de los mejores y su labor profesional ha marcado una época. Sus coetáneos lo refrendan. La milicia fue su vida, la familia un revulsivo existencial y su amor por Laviana su manera de ser. La Virgen del Otero velará por Bayardo, todo un patriota, para que surque y alcance el cielo en su último vuelo acrobático y eterno. A su familia, y especialmente a su hermano Fernando, General de División de la Guardia Civil, un abrazo solidario.

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