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Bonjour le tyran

La llegada de la tercera ola del coronavirus y el comportamiento individual de los ciudadanos para evitar su avance

Recordaremos, y no con alegría, el año finalizado. No será fácil que se olvide. Son muchas las razones para el recuerdo triste. No solo por la desfachatez del emérito que ha dejado a la democracia liberal española al pie de los caballos y la falta de valentía de la clase

Llevamos un año con la pandemia. Lo que está ocurriendo en vidas humanas, así como en el agudizamiento de la crisis económica y social, es de todos sabido. Muerte física y social, es su camino. Esto, lo sabemos, lo vemos a nuestro alrededor, en el vecindario. Somos muchos los que conocemos a alguien que se haya muerto por el puñetero virus. Sin embargo, continuamos erre que erre. Tanto desde la gestión política, como de la propia individual. Permítaseme eludir comentarios sobre la primera ya que se me escapan algunas actuaciones de los distintos gobiernos autonómicos y del central.

Seguro que hay que cuestionar o criticar alguna actuación política sobre la pandemia, ya que las hay deficientes. También aplaudir acciones de esa misma gestión política. ¿De la sanidad y de las personas sanitarias, qué decir? No los voy a llamar héroes. Sencillamente, mi aplauso y admiración.

Expondré mi subjetiva opinión sobre nuestro comportamiento individual. Un comportamiento, que entiendo nadie cuestionará como imprescindible y solidario para, al menos, paliar los efectos dañinos del virus.

Dejemos atrás el verano y la Semana Santa. Lo ocurrido es de conocimiento común y el que no lo tenga es que no quiere tenerlo. Ciñámonos a la última “juerga”. ¿Sabíamos o preveíamos que el relajamiento, al celebrar el nacimiento de Belén, iba a traer las consecuencias que ahora tenemos, de infecciones, por enésima vez? Claro que se sabía, lo sabíamos todos. No hace falta ser virólogo. Aquí están, las infecciones, las muertes... Todo teñido de la hipocresía de quienes ahora, claman y culpabilizan a la clase política.

El epidemiólogo Fernando Simón, en una rueda de prensa, echaba la culpa a la ciudadanía por su relajamiento. Las vestiduras se han rasgado y le critican por esas declaraciones y por no haber tenido, junto con el gobierno, la valentía de prohibir las fiestas navideñas. A ver, si fácil es culpabilizar como hace Simón, tanto es la crítica montaraz hacia él y el Gobierno.

Los gobiernos, incluido el español, no mandan nada, solo gestionan lo que el capital, en este caso el IBEX, les dicta. Están, al servicio del sistema económico imperante. El camino está tachonado de púas y de trampas por las finanzas. ¿Qué hubiesen ocurrido si el Gobierno central hubiese prohibido las fiestas navideñas, por otra parte, pura entelequia? No es difícil prever que se hubiese armado la de dios desde el empresariado, así como, desde la siempre montaraz derecha. ¿O no estamos viendo lo que la hostelería dice sobre sus pérdidas económicas, unas más reales que otras? Como no se prohibieron y trajeron (lógicamente) el relajo ciudadano, aquí hay que matizar y decir de “irresponsables ciudadanos / ciudadanas”, el virus se desmelena y continúa fastidiando al personal.

Estamos en una sociedad infantilizada, consumista e individualizada, lo colectivo no vende. Y lo peor, no se defiende. Cuando se lee: “lo que más me fastidiaba durante el confinamiento era no poder tomar el cafetín en la cafetería”, dan ganas de tirarse de los pelos. Y, como Mafalda,“ apearse de este mundo”.

Alguna gente, la que se pasa por el forro de la entrepierna su propia responsabilidad, que todas y todos tenemos, está pidiendo a gritos, con tanta jeremiada irresponsable, tanta lágrima cocodrilácea y tanta crítica hipócrita que nos pongan las cadenas de la vigilancia día y noche, que todos tengamos un tirano a la puerta de casa. Es la gente, que mañana asaltaría el Parlamento. Es la que nos pondría sus cadenas.

Claro que hay que pedir responsabilidades a los gobiernos, claro que sí. Pero, a la vez, cumplamos con las nuestras. El tirano, es una figura de moda, se le está demandando. Pues nada. “Bonjour le tyran”. Así, en francés, suena más musical.

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