Suscríbete

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

Javier García Cellino

Velando el fuego

Javier García Cellino

La historia sin fin

La recuperación de las piscinas de Pénjamo, un proyecto que no acaba de llevarse a cabo

Un repaso a mis colaboraciones semanales en este diario me retrotrae –quizás, si profundizo, la fecha sea aún anterior– a los años 2014 y 2018 cuando me ocupo de un asunto que sigue coleando en la actualidad y que, por lo visto, no tiene atisbos de llegar a solventarse algún día. Con el título de “Las piscinas de Pénjamo” o de “La historia interminable” en aquellas ocasiones, hoy “La historia sin fin” se desliza por las mismas aguas (de las que por cierto no se sabe nada), a modo de otra repetición más que provoca el hastío y la desconfianza en los poderes públicos de unos ciudadanos que continúan peleando por un objetivo a todas luces justo y comprensible: la recuperación de unas instalaciones que forman parte de nuestro acervo colectivo.

Es muy grande la similitud de la situación actual de las piscinas con el contenido de la novela de Michael Ende. En esta, “Fantasía” se encuentra en grave peligro, pues, por algún motivo que se desconoce (en esta ocasión el motivo no necesita muchas explicaciones: el abandono del proyecto por parte de los gobiernos regionales), los lugares y habitantes están comenzando a desaparecer, sustituidos por una “Nada” que a buen seguro que a todos nos resulta familiar. Y, por desgracia, esta “Nada” va en continuo progreso, un panorama con el que, a poco que se abran los ojos, nos tropezamos todos los días.

Decía yo en aquellas colaboraciones que resultaba bochornoso que tuviéramos que volver a hablar del asunto, y que la Asociación El Güesperón hubiera tenido que asumir la iniciativa de convocar nuevas movilizaciones para que fueran tomadas en cuenta sus demandas. Mas el tiempo pasó, cayeron abundantes piedras y nieves sobre nuestras espaldas, el proceso de la “Nada” desindustrializadora avanzó a galope tendido en nuestra cuenca, y hoy en día, cuando la carcoma del covid invade nuestras calles, otra putrefacción semejante continúa adueñándose del complejo de Pénjamo. Baste con subir a darse una vuelta por allí para comprobar que en el lugar de la “Fantasía” de antaño se yergue otra ruina más y, lo que es peor, con la amenaza de un serio peligro a causa de su creciente deterioro.

A estas alturas de una película ya muy gastada suenan a chanza los escritos en los que el Partido Socialista apostaba (literal) “de manera clara y firme por reabrir las piscinas de Pénjamo, al tiempo que consideraba la necesidad de que hubiera en el municipio un equipamiento de piscinas al aire libre, así como otros equipamientos deportivos que podrían ir en el mismo recinto. Y todo ello adobado con la promesa de que así sucedería si Adrián Barbón llegaba a la Presidencia del Principado de Asturias”, como ocurrió.

Sin embargo, de nuevo hemos vuelto al tiempo de las promesas incumplidas (solo Izquierda Unida Langreo y Podemos Langreo se han preocupado siempre de trasladar el problema al Principado). No quiero ser cómplice de la cita de Italo Calvino: “Toda historia no es otra cosa que una infinita catástrofe, de la cual intentamos salir lo mejor posible”; pero a veces los hechos son tozudos y miran en esa dirección. No hace falta insistir mucho en lo que ocurre cuando los ciudadanos van perdiendo la paciencia en sus gobernantes. Un amigo mío acostumbra a decir que siempre podemos ir a peor; en cambio, yo prefiero la cita contraria. Pero eso sí, que corra ya el agua por las piscinas de Pénjamo y que, de una vez por todas, se acabe ya esta Historia Interminable.

Compartir el artículo

stats