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Luis Alonso Vega

Desde la Meseta

Luis Alonso-Vega

Se repiten los tramposos

Estamos en plena pandemia y, cuando al fin llegan las vacunas, se fijan los criterios para poner cierto orden de acuerdo con las necesidades: residencias de ancianos, personal sanitario, gente a partir de una edad, trabajadores con riesgo y militares concretos.

Entonces llega el tramposo. El que, ocupando un puesto relevante, se cuela entre las personas que necesariamente deben vacunarse y logra que le pinchen cuando aún no le correspondía, como algún alcalde, consejero e, incluso, sus familiares. Cuando son descubiertos, afirman que es porque hay vacunas sobrantes que, incluso, se iban a tirar. ¡Con qué facilidad mienten y algunos no dimiten!

Pero esta historia, contada de manera diferente, se repite después de haber ocurrido años atrás. ¿Saben cuándo fue y cómo ocurrió? Se lo cuento, aunque algunos de ustedes ya la conocen.

Era la época de cuando Fleming descubrió la penicilina, que curaba las enfermedades infecciosas. La susodicha aún escaseaba y su precio de venta andaba por las nubes. Enfermos necesitados buscaban y rebuscaban la importantísima penicilina y los piratas del mercado vendían a precio de oro aquellos frasquitos que originalmente venían de EE UU. Los estraperlistas en cuestión era gente con puestos relevantes en diferentes administraciones.

Menos mal que al cabo de un tiempo determinado la penicilina empezó a fabricarse en diferentes laboratorios y su precio se hizo asequible. Y, por tanto, recetado por todos los médicos.

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