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Ventana indiscreta

Nos vemos en los bares

Unamuno ya decía que la verdadera universidad popular eran “el café y la plaza pública”

“Nos vemos en los bares”, es el título del primer disco del grupo español de rock, “Celtas Cortos”, de 1997. Lo tomo prestado para reflexionar sobre los bares, en sentido general del término. Cuyo peligro de cierre, en muchos de ellos, por la actual pandemia, está en el aire

El bar fue y es lugar de ocio y hasta de conspiración política. Parte de la lucha antifranquista se gestó en los bares, en el rincón más alejado de los mismos, entre humo de tabaco y vasos de tinto. Fue y es confesionario de conversaciones íntimas; de refugio para la lectura y el estudio. Y de trifulcas, más o menos agresivas. También, en algunas épocas, fue un lugar insano en el cual el humo y la falta de limpieza acompañaba a la tertulia de amigos. Digo amigos, porque hubo un largo tiempo en que los bares eran “cosa de hombres”. Las mujeres no entraban. Si una mujer despachaba detrás de la barra, no era bien vista y la lengua del macho se disparaba. Hoy, como en otras tantas situaciones, las mujeres han conseguido su derecho a estar en el bar, en la sidrería de igual a igual con el hombre.

La palabra bar, en su sentido actual, procede del inglés, que significa barra. No obstante el origen es más antiguo; pero no es importante en este caso. La barra, el mostrador, es el centro neurálgico del establecimiento; es el lugar de la amistad, de la camaradería. Lo que se comenta en un bar, es eso: conversación de bar, sin más trascendencia.

Se dice, que el bar es el termómetro social. En él se mide la vida del pueblo, de la ciudad. Se comenta sobre lo humano y lo divino, entre vaso y vaso. O entre culete y culete de sidra. Se disparan las conversaciones, los temas no tienen tabúes y si la cosa va hacia arriba, hasta Platón sale en un tema de fútbol. El bar iguala a las personas, si se acude para pasar un rato agradable y relajarse de la cotidiana preocupación.

Hay situaciones que nos cambian, no sé si definitiva o temporalmente, la vida cotidiana. Es, en ese momento, cuando ponemos en valor esas mismas situaciones que nos parecían tan frecuentes y que ahora extrañamos. La compañía de esa amistad que ahora no vemos tan asiduamente; el saludo a la persona que se aprecia; la charla amena o la discusión sobre un tema determinado, todo eso y más; pero, ay, el bar, también se valora.

Recordemos, con Don Manuel Unamuno, filósofo español, aquella célebre frase suya :“ La verdadera universidad popular española han sido el café y la plaza pública”. A la que añadía “ con escándalo acaso de algunos pedantes “ Pues, sin pedantería y sin temor, donde dice “café“, pongamos “bar”. Seguro, que Don Manuel no se enfadaría.

Tal vez Fito, cuando cantaba, allá en 2008, “ Creo que los bares, se deben de abrir para cerrar las heridas”, se haya anticipado a lo que puede ocurrir en un cercano tiempo.

En fin, que pronto nos veamos en los bares. Sin mascarilla.

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