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Ventana indiscreta

La nueva tele-educación

La pandemia y su intempestiva incidencia en los centros de enseñanza

El tiempo de pandemia que estamos viviendo lo trastoca todo. La educación es una más de las actividades que se encuentran bajo la bota del virus. De tal manera que su territorio, el aula del colegio o del instituto, está siendo sustituido por la habitación solitaria y el ordenador. La tele-educación, como supuesta panacea del proceso de enseñanza de niñas y niños, así como de adolescentes está experimentando un cambio en el ámbito educativo que, incluso por esperado, no se preveía tan intempestivo. Pero, aquí está.

Es intempestivo, no porque las herramientas tecnológicas haya que demonizarlas o en plan ludita, destruirlas. Si su uso, en este momento, por el sistema educativo resulta ciertamente agresivo lo es por la falta de información previa; porque la disponibilidad de los recursos tecnológicos no está al alcance de todos los alumnos y alumnas. Porque, aun, teniéndolos, no siempre son de calidad suficiente, tanto el aparato tecnológico como su conexión. Por la intromisión, sin pedir permiso, en la intimidad del hogar... Sin olvidar a algunos segmentos del colectivo docente que no estaban, tal vez ahora sí, preparados para impartir las clases a distancia, es decir teletrabajar. Porque es el teletrabajo que entra por la puerta de atrás, sin avisar.

El teletrabajo educativo, al ser llevado desde el aula escolar a la habitación del hogar, elude el contacto directo del alumno-profesor; además de las alumnas y alumnos, entre sí; como, también, el trabajo del profesorado en equipo, imprescindible este último para una buena enseñanza, como bien sabe el colectivo. La diferencia es abrumadora en la interacción del alumnado con sus profesoras y profesores. Se pasa de una socialización colectiva y pública a una individualización privada. Podemos estar ante el modelo total de privatización e individualización de la enseñanza. Siendo su gravedad distinta según la etapa educativa afectada. Modelo neoliberal, por excelencia.

En la actual etapa histórica, se están ofreciendo, ¿imponiendo?, unos instrumentos tendentes, en mi opinión, a la sumisión y sujeción del individuo cuyas consecuencias, aunque teorizadas, resultan imprevisibles. Algunas se están viendo, tanto en el mundo laboral, como en el educativo. Me referiré brevemente al segundo.

La irrupción de la enseñanza obligatoria en el domicilio privado del estudiante queda afectada en su esencia educativa. Va directamente al corazón de la escuela, que es el campo genuino e imprescindible en la interacción social entre niños y niñas, como de los y las adolescentes, en el aula. Con la “tele-educación”, queda cortocircuitada toda la metodología pedagógica capaz de poder activar un pensamiento crítico, impidiendo la creatividad del alumnado, así como el trabajo en equipo o la discrepancia con opiniones y comportamientos diversos. Aspectos, entre otros muchos, que son liquidados en pos de una mecánica autoritaria que no favorece la democratización de la educación.

Las clases en el aula se centran en la presencia oral del profesor o de la profesora, permitiendo el diálogo con el o la estudiante. Un diálogo imprescindible para una atención a las diferencias individuales educativas, que existen en un aula. Sin embargo, la educación mediante el computador personal que, a causa de la pandemia, está entrando por la ventana, favorece el individualismo en el trabajo escolar, ignora la solidaridad entre el propio alumnado y por supuesto, entre los profesores y profesoras. La desigualdad social existente entre familias influye necesariamente en el acceso a las tecnologías de la comunicación. No olvidemos que la exclusión digital ha llegado para quedarse, es un nuevo campo social. Tanto, que la brecha digital es considerada una violación de los derechos humanos elementales.

La escuela, como ámbito general educativo, es el centro neurálgico en el que los alumnos y alumnas se comunican, se relacionan con quienes tiene mucho que enseñarles. Es en ella, donde se hace bueno aquello “ Quien enseña tiene mucho que aprender“. Quien esto escribe, siempre entendió, esa relación bidireccional. Las alumnas y alumnos que tuve el honor de impartirles enseñanza me enseñaron a ser mejor persona y más autocrítico. Muy orgulloso de ellas y de ellos. Si en un aula no hay sinergia entre alumnado y profesorado, hay imposición docente.

Me temo que la actual tele-enseñanza, carece de esa sinergia y parece que algunos sectores están muy contentos con ello.

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