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Un poli bueno

Nepo fue un degollador profesional de versos, un madero, un demócrata y un revolucionario

Se nos ha muerto Juan Luis Nepomuceno y a mi y a todos como a Miguel Hernández, por “doler nos duele hasta el aliento”. Nepo nos dio su voz y su palabra, antes de ser degollado. Era experto en degüellos, desde su degolladora infancia. Fue un degollador profesional, doctorado en cortes finos. Degollador de versos, claro. Versos a degüello, espontáneos, sutiles, crueles.

Nepo iba para cómico y eso se notaba. Pudo ser un santo inocente para el cine, un Otelo moderno o un Quijote sin quijada. Hacía fotos con paleta de Goya, pintaba el arco iris sobre el aire plomizo de sus tardes y sus noches desveladas.

Era un poli, bueno, un madero uniformado. Le conocí de paisano, sacando pruebas científicas, como un CSI moderno, pero como él diría : “rural, solo rural “.

Luego descubrimos que teníamos un parecido físico de hermanos gemelos. Estuvo en la tele, lloró y río, hablándome tanto de su vida pública como de la privada. Así a bocajarro. Me habló de su miedo como policía nacional en los años de plomo, de sus guardias eternas en un coche patrulla o aburrido en una mesa de oficinista.

Nepo era mi hermano. Le vi hace pocas semanas en su Mieres del alma. Su mirada dura, tenaz y furtiva, me decía que estaba cerca del final. Pero era un tipo duro. Muy duro.

Hace unos días yo estaba ingresado en el HUCA. Debo decir que, esos días, yo estuve cerca de mi propia muerte.

Esos días, digo, el me envío los mejores mensajes de vida y de ánimo y me ocultó lo que él sabía ya inminente. Fue el lunes pasado. El jueves supe que pidió que le sedaran para enfrentarse a su muerte, sin dolor, en paz o en guerra. Esa guerra interior que le llevó a vivir su vida como un quijote sin quijada. Un poeta degollado. Un madero. Un demócrata, un revolucionario y un inconformista universal, una especie extinta de Unamuno con una coraza llena de versos .

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