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¿Quién es Marino Díaz Díaz?

La próxima inauguración de una estatua que homenajea al profesor de música y amante de la naturaleza, de 94 años de edad

Marino Díaz Díaz es un personaje singular, dando al calificativo el significado de único. A sus 94 años sigue fiel a sus tres amores, la familia, la música y la montaña. Por su dedicación y entrega al segundo se va a inaugurar en su honor un monumento en el parque Dolores F. Duro de La Felguera el 7 de marzo.

De sobra son conocidos sus méritos en la faceta musical, por lo que me voy a centrar en otras de las cualidades que le adornan: su amor a la montaña. Marino es un andarín empedernido y una persona ordenada y constante que, como costumbre, redacta un resumen de sus paseos por la montaña, agrupados en la actualidad en diez libros. Del resumen de los seis primeros extractaré lo siguiente para dar a conocer cómo es este hombre.

Su curiosidad, unida a sus conocimientos, le hace citar 2112 topónimos (sabe por dónde pisa), recordar a 501 acompañantes (amigo de sus amigos), 30 animales observados y 100 plantas diferentes (enamorado de la naturaleza) y 150 palabras del argot montañero, unidas a 11 de nuevo cuño.

La razón de estos escritos la da Marino en noviembre de 1980 cuando por motivo de una excursión a Peña Ubiña La Grande, escribe: “Si recordar es volver a vivir, no cabe duda de que estos apuntes me servirán para revivir muchas veces las andanzas montañeras, ya que los detalles recogidos en la narración serán una buena ayuda para la memoria en el repaso retrospectivo de la vida”.

Sabe Marino imbricar perfectamente sus conocimientos y estando subido a la Sierra del Gorrión el 21 de marzo de 1992, recordando la hermosa letra de la Habanera de Don Gil de Alcalá, donde se canta “Todas las mañanitas vuelve la aurora” y concluye “volverá la aurora y tu noche triste se llevará”, él escribe filosofando un poco: “Mas, indefectiblemente, para todos nosotros, peregrinos que vegetamos por este mundo, llegará una noche sin aurora, en el misterioso paso para la otra vida, en la que espero y confío no conocer las tinieblas”.

También la vena poética está presente en él como refleja esta definición de las manchas de nieve en la montaña: “Como limpias sábanas tendidas al sol, retazos de nieve inmaculada se asoman sobre las cimas y en algunos casos se descuelgan por los canalizos de las peñas, hasta los rellanos de los caminos, para dar su alegre bienvenida a los montañeros que trepan en busca de emociones”.

Recorrió todos los caminos de Langreo y en un poema dedicado al concejo dice: “Caminos de Langreo, sendas amenas, que en mi deambular recorrí antaño. El evocaros hoy me causa daño, pues la ausencia los gozos trueca en penas”. “Por eso, reviviendo el ajetreo que un día me alejó de los amigos, dando en ruta con ellos son testigos de que añoro los caminos de Langreo”.

Pasear con Marino es penetrar en una nube de conocimiento y de sorpresas. A mitad de la ruta del Cares, yendo los dos en solitario, me para y dice: “Espera un poco Herminio, hace un tiempo pasando por este mismo lugar, mirando al Cares recuerdo que escribí: ‘Color de mar y cielo tiene el Cares, de menta, de esmeralda y de turquesa; y en los suaves remansos que el sol besa, de las xanas se escuchan los cantares’”. ¡Bravo, maestro! –dije yo.

Tiene poemas a Oseja de Sajambre, al Cares, al Naranjo de Bulnes, a Peña Vieja y a otros lugares, usando además citas de poetas para adornar sus escritos. Es autor de cuentos y obtenido premio por ello. De uno de los primeros extraigo estas líneas: “Verderones, malvises, tordos y pinzones, componentes virtuosos de una gran orquesta, teniendo por escena la verde floresta, de balde nos ofrecen sus composiciones” y “Del mar no cantes solo su belleza, amor, al contemplarlo entusiasmado; recuerda que el Cantábrico enfadado, lleva a muchos hogares la tristeza”.

Su sensibilidad sobre los problemas de la naturaleza se refleja en esta frase suya: “Produce una enorme tristeza pensar que la naturaleza habla, mientras el género humano no escucha”.

Los relatos de montaña de Marino están sembrados de citas y de anécdotas y para terminar con este pequeño esbozo, dejaré la siguiente: “Un cura vivía muy pobremente y sus vecinos le ayudaban como podían. Un día recibió la visita de una niña que le traía un corderillo muerto por un cerdo, cuando intentaba meter la cabeza por el hueco de una empalizada que los separaba dentro del corral. El clérigo agradeció con viveza el detalle, bendijo a sus benefactores y cuando la niña se marchaba, salió tras ella y encargándole un afectuoso saludo para toda la familia le dijo:… y dile a to madre que non tape la foraca”.

Llevo varios años reclamando para este gran hombre un monumento, que gracias a la entrega de Jesús Agustín Menéndez García, presidente del Ateneo Casino de La Felguera, a la generosidad infinita del escultor José Luis Iglesias Luelmo, a todos los grupos municipales que arroparon el proyecto y a la colaboración económica de un nutrido grupo de amigos, por fin podemos ver el sueño convertido en realidad pues su inauguración, como he señalado al principio, será el próximo 7 de marzo. Y para los que hemos puesto en ello nuestra ilusión es un motivo de alegría pues compartimos el pensamiento que de manera magistral expresó el fallecido periodista asturiano Ignacio Gracia Noriega, cuando el 30 de noviembre de 2002 dejó plasmado que: los premios debieran ser, para honor del homenajeado no de los homenajeadores. De ahí que lo fundamental es hacerlo, como es el caso, en vida.

Querido maestro: Muchas gracias por todo, enhorabuena por este merecido monumento y nos vemos, cuando pase esta pandemia, para hacer “Los Arrudos”.

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