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Tribuna

¿Y ahora, qué? La presa de la térmica de Lada y el piragüismo

Una solución de futuro para la zona de agua estancada de la central

Cuando éramos niños, sabíamos que día era domingo o festivo, porque las aguas del río Nalón bajaban limpias, ya que el resto de los días estaban sucias con el color y sabor al carbón; con ello en las cuencas mineras, vivíamos de espalda al río, todo lo que no servía lo tirábamos al río… Tiempos pasados cargados de polución y puestos de trabajo, en muchos casos muy precarios… Con el correr de los años todo ha ido cambiando, hasta el propio río Nalón, cuyas aguas son controladas por el pantano de Tanes. De vivir de espaldas al río pasamos a convivir con él, sus paseos y zonas verdes lo atestiguan.

Pero las cosas y los acontecimientos no surgen por casualidad, todo lleva su tiempo. Los que peinamos muchas canas, nos permite mirar al pasado y recordar con facilidad tiempos pasados… Nos viene ahora a la memoria una anécdota con un buen amigo nuestro que, en aquel tiempo del que hablamos, era el deportista español con más medallas olímpicas; yo era responsable de la programación infantil de Radio Cadena Española en Langreo. Él vivía en Gijón y le había invitado a Langreo para participar en un programa radiofónico “Sintonía escolar” que se emitía en directo, los miércoles de cuatro a cinco de la tarde, con escolares de la Cuenca. Quedamos a la una para comer en un conocido restaurante de la Felguera ya desaparecido hace años. Cuando llegó, aparcó en la zona centro, –era fácil aparcar en aquel tiempo–, y me pidió que le llevara a ver el río Nalón en una zona que le habían dicho “había agua estancada”… Fuimos dando un paseo y al llegar al antiguo puente de Lada se quedó asombrado: “Pero esto es fenomenal” me dijo. “Esto sería ideal para entrenamientos”. Yo, ingenuo de mi, le respondí: “Pero este agua está hecho una mierda”. Él sonrió y prosiguió: “Espero que algún día pueda hacerse”… Quien le iba a decir al mejor piragüista español del momento que eso fue posible años después; que un Club de Piragüismo iba a desarrollar actividad con jóvenes de la zona que participaron en competiciones oficiales y que llegaron a tener deportistas en la Residencia Blume de Madrid, donde sólo tienen cabida los mejores deportistas del país.

Con el correr de los años aprendí a que no hay nada para siempre, pero también aprendí a que no es fácil construir instalaciones, pero si las tienes es absurdo destruirlas… Parece que el piragüismo lo tiene ahora difícil por absurdas normativas, que en ocasiones, más que beneficiar, torpedean a la sociedad, y si las personas que dirigen carecen de sensibilidad y tolerancia (que de eso andamos un tanto escasos) poco podemos esperar.

Gracias al deporte tuve la suerte de viajar por el mundo y aprender como un libro abierto; uno de los países que mejor conozco es Alemania y me viene ahora a la memoria el parecido de nuestra Cuenca con la localidad de Wuppertal, valle angosto pero con mucha población, industria y buenas comunicaciones… Cerca, en Essen, donde la minería y siderurgia fue durante años una firme apuesta, han sabido renovarse; recuerdo por ejemplo el “Lago de Baldeneysee” con Villa Hügel y todo lo que lo rodea, bueno lo llaman el lago, pero no, es un estanque con cierre de compuertas, igual que aquí.

¿Por qué aquí no podemos mantenerlo, por qué no puede regenerarse como una auténtica zona de ocio, cultural y deportiva, y de expansión social para el disfrute de los ciudadanos? ¿A quién perjudica? ¿Y a quién beneficia?... Parece que no hay que construir nuevas instalaciones para ello, sólo acondicionar y mantener las actuales infraestructuras. Estamos acostumbrados a nuestro río, con el que ahora podemos convivir. El Nalón es un río rápido y la velocidad del agua, en mucha ocasiones no beneficia, por eso cuando encontramos zonas de agua estancada nos relaja y nos produce un estado de sedación y tranquilidad que, en los tiempos que atravesamos, sería una buena medicina social.

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