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José Manuel Ibáñez

En la cola del supermercado

Los debates improvisados que se producen haciendo la compra para analizar lo que se cuenta en los programas del corazón

Escojo mala hora para hacer la compra diaria, puesto que la cola en la pescadería resulta más larga de lo habitual. Y, cosa rara, las mujeres superan a los varones, algo inusual pues desde hace tiempo nosotros solemos ser mayoría en casi todas las secciones.

A la espera del turno, tanto uno mismo como el resto de personas no nos podemos sustraer a la animada conversación –más bien debate– de un grupo de féminas en corrillo cercano, sobre el culebrón que al parecer acapara en diversos medios la atención del país. Se trata de la historia de la hija de una famosa cantante y un boxeador. Y de su ex, conocido tertuliano y vividor.

Al parecer son fieles seguidoras de un programa diario de casquería, –perdón, del corazón– donde tiene cabida las miserias y todo lo escabroso de famosos, famosillos y gentes que buscan fama al precio que sea, todo ello para subir audiencia. Algunas muestran su preocupación porque si cinco horas aún les parece poco, van a suprimir una. Por lo menos “dejaré de discutir con Ramón –el marido– a diario”, por la hora de la cena, comenta la primera.

“Yo he cambiado de opinión sobre ella, pues teníai hasta manía” apunta una, “Sí, pero ahora lo cuenta a base de mucho dinero” dice otra, “Él ha sido siempre un chulo, chivato y putero” remata una tercera: “A mí dame mucha pena de los fíos, que nun tienen culpa de ná”.

Existe un morbo tremendo con estas historias que diariamente ofrecen los medios de comunicación. Y, a lo que se observa, cuentan con millones de seguidores, pues temas como el que hoy escuché resulta frecuente oírlos en cualquier lugar, no siendo privativo del género femenino, pues también hay hombres enganchados a ello.

De todos modos, seguro que a todos les viene bien para evadirse un poco de lo que los tiempos nos ofrecen. Por lo tanto… estupendo. Al final llegó mi turno, compré y me fui. Así que si alguna de estas señoras lee esta opinión, podrán deducir que son ellas las que gratuitamente me la ofrecieron.

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