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Ricardo Montoto

Dando la lata

Ricardo V. Montoto

Listas

Las burlas que sufren algunos escolares y su repercusión en el proceso de maduración

Madres y padres se horrorizan al descubrir que entre sus vástagos adolescentes circulan listas de guapas. Y, claro, las de los últimos puestos no lo llevan bien. Pero, de verdad, ¿qué novedad es esa? ¿Cuándo no existieron esas listas? ¿Cuándo no se hizo burla de la fea, del gordo, de la gafotas, del empollón, del pequeñajo? ¿Dónde estaba esa gente que ahora se da cuenta de que la crueldad se practica desde los primeros años de la vida?

¿Por qué es así? Pues porque los humanos somos unos cabrones, porque la realidad duele, y crecer y madurar no es sencillo. Y porque el simple hecho de vivir hiere y daña, pero también curte y enseña.

Los guapos se cachondean de los feos, los envidiosos buscan víctimas a las que inyectar su veneno, los estudiosos padecen el acoso de los indeseables, la pandilla se ceba con el que va a su aire, el distinto, el independiente... De mí se han burlado por cabezón, por la forma de la boca, por el apellido, por ser forastero, por sacar buenas notas... Y lo que un día te escocía tiempo después te resbalaba.

Hoy pretendemos que los niños jueguen sin hacerse daño, que se relacionen sin arañarse, que se desarrollen en una burbuja de confort y bienestar permanente, donde no existe el sufrimiento, ni el fracaso, ni el dolor. O sea, un entorno de protección que, precisamente, les impide aprender a vivir, a manejarse en un mundo agresivo para el que hay que estar preparados. Porque al igual que de caída en caída reconocemos que un rodillazo contra el asfalto es muy doloroso, hemos de entender que las relaciones humanas son como el papel de lija. Y como no endurezcas la piel, estás indefenso.

Por cierto, lo mismo que hay listas de guapas y feas, las hay de guapos y feos. Desde siempre.

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