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Carlos Cuesta

A contracorriente

Carlos Cuesta

Aquí no queda nada

La falta de alternativas al desmantelamiento industrial de las Cuencas

Las industrias fabriles y los pozos carboneros, salvo el Nicolasa, ya son historia en estos espacios olvidados de la mano de la providencia. Unas cuencas solidarias y benefactoras que aportaron al Estado, en sus buenos años de producción, trabajo y sensaciones de futuro, agonizan sin remedio y convirtiendo el desempleo laboral en su santo y seña para resignación de gobernantes y gobernados.

Y por si fuera poco la sangría abierta en este cuerpo debilitado, ahora le toca el turno de la demolición a ese monstruo de hierro y hormigón llamado térmica de Lada, una decisión gubernamental emanada de rigurosas directrices de la Unión Europea en materia de medio ambiente. Y aquí no queda nada ni nadie que salvaguarde esta gravísima situación. Desde los poderes públicos se demandan alternativas de compensación industrial con el fin de paliar unos momentos de angustia y desasosiego. Industrias verdes, tecnológicas y aprovechamiento de las unidades extractivas con apoyo empresarial solvente y real para evitar esa ruptura de empleo y convivencia tan necesarios para avanzar en progreso y esperanza.

Nada de nada. Promesas y promesas pero el Estado abandona con soberbia a unos enclaves con el encefalograma plano y con pocos visos de volver a la vida laboral. Los sindicatos de clase ya cumplieron con su cometido en las últimas décadas negociando los dineros europeos para dejar a estos lugares yermos y solitarios sin la alternativa adecuada para seguir pensando en un futuro de prosperidad. Algo se hizo mal. Demasiadas ocurrencias sin visos de realidad laboral. Y ahora, ¿qué se puede hacer ante un problema tan complejo como es una reindustrialización acorde con los nuevos tiempos?

Hace falta una varita mágica y mucho valor por parte de las mentes pensantes gubernamentales con la exigencia decidida de la Administración regional para alcanzar hechos tangibles de cierta recuperación industrial. Urge asimismo una reformulación de lo que se pretende llevar a efecto en estos territorios sumidos en el abatimiento y la culpa. No quiero ser apocalíptico ni derrotista, pero las circunstancias pintan muy mal.

Espero y confío en nuevas alternativas de empresa y si la térmica de Lada finaliza su ciclo es consecuente que Iberdrola con el empuje del gobierno central busque opciones de fuerza laboral y no morir en el intento de una compensación a tanto desmantelamiento. Los valles mineros, de nombre y tradición, quieren vivir y seguir la senda de otro tiempo con una reconversión ajustada al momento presente.

El gobierno asturiano debe poner los puntos sobre las íes y dar el golpe de pecho ante situaciones anómalas e incómodas. No se puede contemporizar con el poder central. Hay en juego muchos intereses que están por encima de las siglas de un partido. Las Cuencas se merecen el apoyo de quienes tienen la obligación de mantener el empleo y buscar buenas perspectivas de futuro para unas generaciones que piden a gritos trabajo y bienestar.

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