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Ventana indiscreta

Abuelos: por fin la vacuna

La reivindicación de las personas mayores en la pandemia

Hola abuelas y abuelos. Soy uno de los vuestros, de momento tengo suerte, hay que decir “suerte”, además de cuidado y prudencia, en este ya largo tiempo de crisis vírica. Os cuento.

Ahora, queridos y queridas, nos ha tocado la pandemia, antes fue la crisis económica de 2008, que parece fuimos los protagonistas millonarios ya que ayudamos a paliar en nuestras respectivas familias el déficit económico que la crisis generó. Esta pandemia que estamos sufriendo sabéis que atacó, sin tregua, en las residencias de ancianos, tanto públicas como privadas, donde personas como nosotros, de edad provecta estaban, se supone, descansando y siendo felices. Unas residencias gestionadas para el lucro de sus dueños en el más grosero capitalismo de la muerte. Se murieron hace un año muchos de los nuestros. Personas que deseaban pasar los últimos metros de su recorrido vital, en paz y sosiego.

Después, cuando ya se pudo salir a la calle, otra vez estuvimos en el punto de mira de la sociedad, pero esta vez fue desde el cariño y el afecto que las autoridades nos tienen: “ Nuestros ancianos...”, decían y aún dicen. ¿Nuestros? , ¿de quién y por qué? Nos marcaron hora de entrada y salida de casa... Y no les dimos aún las gracias. Por mí, pueden esperar.

Y así, entre muertes, recuperaciones y dudas, llegaron las esperadas vacunas. Y, esta vez, sí se acordaron que hay personas, en las residencias, vulnerables por la edad y comenzaron su vacunación con la loable intención de subsanar las lamentables muertes, ¿ serán investigadas?, y proteger a las aún vivas.

Con cierto desorden, tal vez inevitable, y cambiando de criterios que en nada favorecen la tan cacareada vacunación del 80%, para el verano, las vacunas están siendo puestas, teniendo preferencia las edades que han ( hemos) pasado el ecuador de la vida. No obstante, el drama de la muerte de abuelas y abuelos a causa del virus, sigue goteando. Las muertes por covid desde enero de este año, de mayores de 70 años está entre el 80% y el 90%. Igual que hace un año. Tampoco es para desanimarse, nos queda aquello de “ a lo mejor, a mí no me toca”.

El derecho a la vida, queridos “güelitos y güelitas”, y a la salud es, o debería de ser, igual para todas las personas, desde cero años hasta que el ineludible momento de la respuesta de la naturaleza, nos llame. Pero no por el abandono de quienes tienen la obligación, no solo moral, de tomar decisiones que eviten las consecuencias como las que hubo: no trasladar a personas enfermas, en su mayoría ancianas, internadas en residencias, a hospitales. O la selección previa de los pacientes, que sí hubo, como si fueran reses al matadero. Esto y más, ha sido el abecé de cada día de pandemia en algunas, demasiadas, residencias de España.

Las personas mayores no merecemos ser anónimas. El presente de este país, está sostenido por los cimientos que esas personas mayores en su momento han (hemos) construido. La experiencia y las enseñanzas deben de merecer, tal vez no el agradecimiento, ya que cumplimos con nuestras obligaciones, pero sí la atención y el respeto, si acaso ser también un modelo para los y las más jóvenes. Sería una injusticia, además de un obscenidad moral, dudar de la dedicación al servicio de los demás, que la gente mayor, ha tenido y aún tiene. No se pide nada a cambio. Solo un reconocimiento traducido en salud, hasta que la inevitable muerte diga basta. No es ni más ni menos que dignidad. Que tengamos salud y suerte. Y a vacunarse, tanto nosotros, como los y las jóvenes.

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