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Los recuerdos de mi lápiz

Buenos días, maestro

El homenaje a los profesores rurales

La fría mañana apenas se hacía notar, durante el camino, íbamos pisando los charcos helados dejándolos como mágicos espejos rotos, a la vez que convertíamos nuestras carreras en un interminable juego de “la queda”; este, iba decreciendo poco a poco a medida que vislumbrábamos la sombría fachada de nuestro colegio, de nuestra escuela. Aún en sus cancelas, seguíamos llenos de frenética algarabía, hasta entrar en nuestras aulas y ocupar los vetustos pero entrañables pupitres.

El sosiego, la calma y el cálido recibimiento, con un, “buenos días”, de nuestro Maestro, nos sumergía en la maravillosa liturgia, que nos llenaba de todas sus enseñanzas. Como en un coro desacorde, iniciábamos el estribillo de una tabla de multiplicar recién aprendida, seguida de un recorrido por el mapa multicolor para describir los cabos, montañas y ríos que zigzagueaban de color azul sobre el ocre, del viejo mapa de nuestra península.

Así, el tiempo, discurría velozmente, como si se tratara de una carrera de obstáculos para iniciar lo que eran pequeños y grandes problemas de aritmética, seguidos de pausados dictados que culminaban con la ansiada llamada al esperado recreo, que cómo bálsamo milagroso, liberaba todas nuestras energías.

La vuelta a las clases después del recreo, eran más moderadas y las maravillosas lecturas, impregnaban nuestros sentimientos de una celestial armonía. Ya nunca olvidaríamos, que Platero, es pequeño, peludo, suave; tan blanco por fuera que se diría todo de algodón; que no lleva huesos; sólo los espejos de azabache de sus ojos, son duros cual dos escarabajos de cristal negro. Y así, se terminaba aquel excitante y maravilloso día, en el que nuestra Maestra, nos había regalado toda su sabiduría, todo su cariño y sobre todo su enorme paciencia.

En el pueblo San Miguel de Lada, por iniciativa de mi amigo Antolín, realicé una sencilla escultura como monumento a los maestros rurales. La hoja de un bloc representa una de aquellas antiguas escuelas, de mapas coloreados, de tarima, encerado y viejos pupitres, donde quedó grabada una parte de nuestra vida infantil. Hoy he vuelto a leer una hoja del “bloc” de aquella lejana vida escolar y mi querido Lápiz, volvió a dibujar él aula donde nuestros maestros y maestras nos enseñaron las maravillosas materias, las auténticas asignaturas de la educación, de la enseñanza, de la fantasía y del amor.

Siempre recordaremos, aquel “buenos días Maestro” conque empezaban las clases.

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