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Ricardo Montoto

Dando la lata

Ricardo V. Montoto

Qué fatiga

Los cambios de nombres de las calles

Qué fatiguita esto de los cambios de nombres de las calles. Y qué favor nos haríamos todos si, en un arrebato de sensatez, acordáramos la despolitización definitiva del callejero. Y hacer como los norteamericanos, que recurren a los nombres neutros, de plantas, puntos cardinales o, sencillamente, a letras y números. Y ya está.

Pero en este país, en el que se busca hacer partidismo y adoctrinamiento hasta con las placas de calles, plazas y jardines, cada vez que se produce un cambio de color político, poco después viene la modificación de los callejeros, con los correspondientes trastornos burocráticos, profesionales y logísticos. Y con demasiada frecuencia la decisión consiste en sustituir el nombre de un indeseable de un bando por el de otro indeseable del bando contrario.

Pero, además, como aquí está todo politizado, la polarización ideológica alcanza a la memoria de científicos, escritores, artistas, pensadores… con independencia del valor de sus dichos y hechos. En España, los méritos comienzan por la tonalidad, rojos o fachas, que será lo que determine la concesión de honores públicos.

Ahora le toca al rey Juan Carlos, a quien ya están retirando las placas de las fachadas. En nuestro concejo ya pasó por lo mismo el pobre José Ángel Fernández Villa, que tenía un parquecillo a su nombre hasta que cayó en desgracia. Y paseando por ahí te topas con cada calle que vaya telita marinera. De ahí que insista en la conveniencia de simplificar el asunto, aunque sea menos evocador e instructivo, y nombrar las calles de modo políticamente aséptico –algo prácticamente imposible– de modo que no estén en riesgo de alteración cada vez que se produzca un vuelco de la mayoría consistorial.

Sería mejor para todos residir en la calle del robledal, en la plaza del mar Cantábrico o en la avenida del Norte. Nos ahorraríamos disgustos, molestias, algo de dinerito y mucha tontería.

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