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Javier García Cellino

Velando el fuego

Javier García Cellino

Arte en 3D

Alejandro Silgado, coleccionista de cómics y visionario de las aplicaciones de las nuevas tecnologías en la cultura

Reconozco que más allá de algunas informaciones escasas mis conocimientos sobre el arte en 3D estaban bastante ayunos. Gráficos para ordenadores que creaban imágenes y a partir de ahí mi pista se perdía. A lo sumo hubiera podido contestar que se trataba de una técnica de animación, pero poco más. Cualquiera de sus aplicaciones eran para mí un pozo seco. Hasta que de pronto, casualidades de la vida que dice el tópico, me encontré con un creador, o un artista langreano –hago mías cualquiera de las dos denominaciones– que me introdujo en un mundo mágico a la vez que profundamente realista.

“En menos de cinco años todos usaremos esta técnica; será como un electrodoméstico más que todos tendremos en nuestro hogar”. Este pronóstico (el tiempo nos dirá lo acertado del mismo) surge de la voz de Alejandro Silgado, uno de los dos o tres mejores especialistas asturianos y también coleccionistas del cómic, así como también, aunque en menor medida, de todo lo relacionado con el mundo de la gran pantalla. Resultaría imposible desglosar en este espacio los cincuenta o sesenta mil volúmenes que componen su colección de cómics, algunos convertidos ya en verdaderas joyas debido a su antigüedad, y las un poco menos referencias: revistas, entradas, programas de mano… de su importante repertorio cinéfilo.

Hasta que un día, al igual que una luz poderosa que de pronto nos deslumbra con su atracción magnética, este vecino langreano, que según sus propias palabras era incapaz de dibujar más allá de un caballo, descubre otra forma de expresión artística amparada en las nuevas tecnologías. Y que, además –suya es también la expresión–, puede satisfacer cualquier pretensión: desde crear casas hasta órganos humanos todo está a su alcance, recalca.

¿Te imaginas que de pronto soy capaz de dibujar y de proyectar todo lo que me viene en gana? Su entusiasmada expresión es parecida a la de un niño que de pronto hubiera encontrado un tesoro, pero no cualquiera, sino el más preciado de todos. Páginas; viñetas; figuras y personajes de todo tipo; litofanias (dibujos traslúcidos, tallados en cera, según técnicas empleadas ya en los años dieciocho y diecinueve o antes)… todo un mundo nuevo a mi alcance, concluye con el rostro inundado de satisfacción.

Si en cierto modo el arte y el amor son lo mismo, pues ambos se alimentan de la pasión, es lógico que Alejandro viva imbuido en ese delirio fértil que sacude el pensamiento y consigue estimular nuestras emociones. Así que en su camino nuevo se va marcando retos antes inimaginables. Dos proyectos ocupan ahora su atención: una versión de la Biblia (confiesa que es el libro más importante de la Historia), con dibujos de Gustavo Doré y un Quijote con el mismo dibujante e ilustrador francés.

Cuando me despido de Alejandro no puedo más que rememorar la extensa semilla cultural de nuestro valle, a la que ya en algunas ocasiones me he referido. Escritores; poetas; pintores; fotógrafos; músicos; cineastas; actores de teatro… y tantas otras expresiones (ahora el 3D) que no por desconocidas son menos importantes. Y por lo que me consta, no deja de asomarse a esa espléndida panorámica gente joven y nueva. Un lujo, sin ninguna duda. Y una pena que no exista correspondencia con la bonanza de una tierra que ya lleva mucho tiempo en barbecho. Pero esa es otra historia.

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