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José Manuel Ibáñez

¡Ya está bien!

Hace más de una década del gobierno de la época anunció que aplicaría de inmediato la normativa europea que declaraba ilegales las llamadas telefónicas, o mensajes de cualquier tipo no solicitados.

Uno ignora por qué se menta a Europa para todo lo que les conviene, que siempre resulta gravoso para todos nosotros, y cuando nos puede ser favorable lo obvian y pasan de todo. Las empresas que a ello se dedican nos siguen dando el “coñazu” cosa mala. Llevo –llevamos– en casa, y también en la calle al móvil, con llamadas a diario con ofertas de todo tipo: Líneas telefónicas, seguros de hogar, médicos, de coche, o lo que pinte. Pues están al tanto de nuestra vida, incluso mejor que cualquiera de nosotros. Y no se cortan ni un pelo, pues en buena parte de los casos lo hacen a horas intempestivas como pueden ser después de las diez de la noche, y si les haces la mínima observación cortan abruptamente.

El correo postal o electrónico son otro coladero en el que a diario recibes información no deseada, pero esto ya resulta más fácil de solucionar: papelera al canto. Pero lo realmente preocupante es quien facilita nuestros datos, pues no les falta detalle: edad, tus compañías de seguros, cuando vencen, dirección completa incluidos nombre y apellidos… Así que lo dicho, muy preocupante.

Resulta fácil deducir que priman intereses creados para que todos estos tejemanejes sigan funcionando, donde se mueven millones de euros, mientras los gobiernos se van sucediendo y aquí nunca pasa nada. Manga muy ancha para unos y estrecha para nosotros. Dejo a un lado a las personas que a ello se dedican como trabajadores, pues, encima, sus condiciones laborales no son nada buenas. Acaba de sonar mi móvil, menos mal que la llamada es familiar pues caso contrario iba a comenzar el día de muy mala leche. Al final lo dicho: ¡Ya esta bien!

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