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Exposición en la Casa de la Cultura Teodoro Cuesta de Mieres

Ten paciencia, mujer, que eres oscura

Reflexiones sobre el mito patriarcal de las mujeres enfermas

Ten paciencia, mujer, que eres oscura.

“Asfixia”, de Blanca Costales.

“Asfixia”, de Blanca Costales.

Con este verso, la poeta Alfonsina Storni recuerda la faceta lóbrega que el patriarcado ha construido para definir a las mujeres. Basta decir que muchos mitos cosmogónicos y antropogénicos –aquellos que explican el origen del universo y de la humanidad, respectivamente– relacionan a las mujeres con el mal, la enfermedad y la muerte.

“Stop Playing”, de Cristina Burns.

“Stop Playing”, de Cristina Burns.

Así fue como Pandora, creada por Hefesto bajo las órdenes de Zeus, penó a la humanidad. Portando la vasija que contenía todos los males, decidió destaparla por su dañina curiosidad. A partir de este momento, toda persona estaba condenada a sobrellevar una vida afligida que inevitablemente llevaba a perecer.

“Ménade”, de De las Heras

“Ménade”, de De las Heras

En las religiones abrahámicas destaca la figura genésica de Eva. Engañada por la serpiente, o tal vez por el Diablo que logró convencer al animal, la primera mujer mordisqueó el fruto del conocimiento y se lo ofreció a Adán. Esta traición hizo que el Creador castigara a la humanidad con la enfermedad y la muerte; la eternidad se había terminado. En particular, la mujer fue condenada a sufrir preñeces difíciles y dolorosas, lo que dificultaba todavía más su existencia perecedera. Ni qué decir de determinados razonamientos judeocristianos e islámicos sobre Eva, en los que la menstruación y la escasa inteligencia son unos añadidos más al tormento femenino iniciado por la primera mujer.

Obra de Daniel Acuña.

Obra de Daniel Acuña.

La religión sintoísta defiende que la diosa de la creación Izanami murió en uno de sus partos divinos y pasó a gobernar el Yomi o tierra de la muerte. Cuando el dios Izanagi intentó rescatar a la deidad, que era su esposa, descubrió su temible cuerpo corrompido. Izanami, al sentirse despreciada, se volvió vengativa y lanzó una maldición a la humanidad: la condena a fallecer. Se había coronado diosa de la muerte, entretanto el ciclo vital se estableció.

Todos estos ejemplos hablan de que la enfermedad está estrechamente ligada a las mujeres, encarnando al jinete apocalíptico de la muerte y sembrando en el mundo lo mórbido. El sistema patriarcal arranca estigmatizando a las mujeres por traer la enfermedad al mundo, según sus preceptos y, seguidamente, utiliza esta farsa para poder subordinarlas.

Principalmente, esta teoría androcéntrica se sostiene considerando a los procesos fisiológicos como problemas relacionados con la salud, sumándose otras falsas teorías científicas que refuerzan la denigración hacia las mujeres.

Por una parte, la mujer menstruante es considerada inmunda, tal y como lo registra el Levítico dentro del Antiguo Testamento. No se trata de una creencia arcaica, pues determinadas culturas y religiones mantienen el tabú sobre la menstruación.

Tanto en la Antigüedad como en la Edad Media, la menstruación transmitía una serie de problemas. Las mujeres que no habían mantenido relaciones coitales sufrían el mal de retener el flujo menstrual hasta alcanzar la enajenación y el fallecimiento; mal que se curaba al casarse, decían.

Por otro lado, la mujer embarazada está obligada a descansar y a mantenerse pasiva; se convierte en paciente, no en gestante. Aparte, es una paciente débil física y emocionalmente, a veces irracional.

Esta es la sobrenaturalidad de los supuestos androcéntricos. Aparte, se produjo una clara medicalización del embarazo y del parto que se agravó con el paso de los siglos.

Empero, no ser madre parecía todo un riesgo. Las férreas tradiciones han tratado a las mujeres como simples seres procreadores, por lo que surgía la histeria en el útero que no concebía pronto. El propio Platón sentenció que el útero encarnaba a un animal dentro de las mujeres, cuyo deseo de fecundarse se frustraría si no acontecía la preñez lo antes posible.

De hecho, en la centuria decimonónica, el médico y antropólogo Julien-Joseph Virey dijo de las mujeres adultas que ‘’la cohabitación con el hombre y la impregnación del esperma’’ les permitía gozar de buena salud.

A partir del siglo XX, la histeria fue abandonada y sustituida por el amplio espectro de los trastornos de conversión, no asignados a ningún género en concreto.

Como es posible observar, la mente de las mujeres sufre una clara patologización desde la óptica patriarcal. Se produce una desviación respecto a la vinculación de la enfermedad con los procesos fisiológicos de las mujeres.

A colación de esto, se manifiesta la represión hacia las mujeres estudiosas o duchas en alguna disciplina. Las mujeres geniales desataban gran recelo.

No están lejos las tesis abrahámicas que denigraban la inteligencia femenina de los progresos científicos acaecidos en los últimos siglos. A las mujeres se les negó la inteligencia, por curso divino, luego por invención médica y antropológica.

En el campo del arte, el filósofo Immanuel Kant afirmó que las mujeres talentosas eran tanto repulsivas como enfermas. Se trata de pura misoginia e ignorancia cubierta por un velo de raciocinio.

Relacionada con la psique y el soma, la sexualidad es otro tema usado en contra de las mujeres. La castidad y pasividad obligadas se trastocaron con la idea del deseo carnal desmedido, el cual obvia el objetivo reproductor, convirtiendo a las mujeres en ninfómanas –‘’mujeres locas’’–; desviadas morales.

Asimismo, las mujeres homosexuales se encontraban dentro de la desviación sexual; eran también enfermas. Ni qué decir de las mujeres trans en esta horripilante narración. El mundo queer es completamente impensable. Es imprescindible hacer un inciso estrechamente relacionado con la sexualidad femenina: las mujeres se convirtieron en el reservorio de afecciones que adolecían a la masa social de forma global.

La sífilis se consideró una enfermedad femenina por excelencia; situación que se complicó en el siglo XIX. Venida de la propia mujer por su vicio e inmoralidad, la sífilis aquejaba a las prostitutas según la teoría de la época.

No se podían imaginar que esta enfermedad aparece por el contagio con la clientela.

Más fácil aún, resultaba más práctico achacar este problema a las mujeres más mortificadas de la sociedad.

A pesar de que ya se han superado la mayoría de las tesis expuestas aquí, es imposible olvidar que todavía hay muchas culturas y religiones reacias a cumplir los derechos de las mujeres. Tampoco quieren respetar los progresos científicos y médicos actuales, que no dejan de ser occidentales.

De igual modo, no podemos considerar a la perspectiva occidental exenta de prejuicios hacia las mujeres.

En nuestra sociedad son innumerables las ocasiones en las que se dice que la menstruación o el embarazo enferman o enloquecen a las mujeres. Lo mismo, ninfómana es un insulto severo dirigido a aquellas que deciden vivir su sexualidad con libertad. Histérica vuelve a ser una palabra empleada para vejar, aún perdiendo su primitiva validez médica.

Las mujeres no son oscuras, aludiendo al verso de Storni. No han traído la enfermedad ni la muerte a la especie humana; no son criaturas ctónicas. Sus cuerpos y mentes no están corrompidos, ni son proclives a ciertas patologías. Su ciclo vital no está revestido de enfermedad. Esta exposición exhibe la historia, pero también la práctica de ligar a las mujeres con lo morboso. Hay que deconstruir la tradición para encontrar la verdadera afección, intrínseca a la humanidad: el patriarcado. Se trata de la única vía para enfrentarse a esta cruda realidad y poder finalmente desarmarla.

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