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Carlos Cuesta

A contracorriente

Carlos Cuesta

Adrián Barbón y el carácter lavianés

El reconocimiento a un pueblo que mantiene el orgullo y el buen ánimo ante situaciones complicadas

Sin duda alguna el carácter de las gentes de Laviana marca un estilo y un modo de ser. Me lo dicen con con frecuencia muchas personas, entre ellas la directora general de la Fundación de la Cruz de los Ángeles, Teresa Estrada Villazón, quién conoce muy bien la idiosincrasia y la manera abierta de comunicarse con los habitantes de este concejo del Alto Nalón,especialmente los polesos. No en vano disfrutó su adolescencia y juventud en este entorno verde y bullanguero participando de loables iniciativas culturales y recreativas. Y mentando esa naturaleza y calidad humana aprovecha para situar al actual Presidente del Principado como un buen político que sabe lo que quiere y está trabajando con entusiasmo por sus ideas solidarias y de progreso. Y esta realidad,añade, es debido a ese halo lavianés que todo lo define y conforma pasión, dicha y capacidad de acción. Quizás los aires del Nalón, la equidistancia entre lo rural y industrial y esa brizna salvadora y aromática de los montes de Peñamayor y Picu Mea sean golpes de terapia sanadora para forjar una cualidad en el modo de ser. Y es verdad. Lo observo en mi cotidianidad cuando coincides con viejos conocidos y te apuntan a la personalidad de los polesos y al resto de los habitantes del concejo de Laviana.Y ese fondo implica amar al terruño,sentirse cómodo con el lugar de nacencia e insistir que todo lo mejor está en Laviana y sin exagerar, algo de ese pensar existe. Y Adrián Barbón es lavianés y lo demuestra con su preparación, sus dotes oratorias y un empuje bíblico para animar a un pueblo, el asturiano,que vive momentos de zozobra por la ignominiosa pandemia y por esa negativa situación económica que todo lo estropea. Pero la emoción y el arrebatamiento de sus genes locales todo lo pueden para seguir bregando con la política regional y marcar pautas de consenso y entendimiento con sus rivales de Parlamento. Está claro que ser de Laviana es un orgullo y un grado de ánimo para superar complicadas situaciones. Lo dice también la comunicadora Esther Canteli, quién señala con insistencia ese genio especial de los nativos de éste enclave del Nalón Alto y tiene preparada casi una tesis doctoral muy a su estilo de exquisita socióloga para ofrecerla en el centro social de La Pegarata cuando los nuevos tiempos alcancen la normalidad deseada. Y los de aquí estén donde estén hacen piña y dejan estela por donde pasan; a eso llamo yo entraña y conducta doméstica promocional. La geografía del espacio es meridiana y más que condicionar determina una forma de sentir. Ahí es todo. Y en ese aspecto la Sociedad Cultural y Gastronómica La Pegarata es un ejemplo de este parecer. En sus momentos felices y en sus viajes por toda España el nombre de Laviana está presente en sus mentes y eso resulta muy edificante y cargado de proyección como idea turística. Los ilustres Fray Zeferino y Palacio Valdés fueron personajes de altura intelectual que también dejaron impronta de su pasado lavianés y esto sin duda es mucho. ¡Que las generaciones venideras tomen nota!

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