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Antón Saavedra

Dinero envenenado desde el IV Reich

La financiación que llegará de Europa obliga a tres reformas: las pensiones, la laboral y la fiscal

Todos los españoles de mi época llevamos dentro un Pepe Isbert interpretando al inolvidable alcalde de aquel imaginario Villar del Río engalanado en el que los vecinos, cariacontecidos, veían pasar de largo la caravana estadounidense en la inolvidable tragicomedia “Bienvenido Míster Marshall”, pero, cuando pensábamos que la inolvidable exministra de sanidad, Leire Pajín, había pasado a lo anales como ejemplo de megalomanía y petulancia con la parida aquella de que “el próximo acontecimiento histórico del planeta era la coincidencia de la presidencia de Obama en EE UU y de Zapatero en la Unión Europea”, vuelve a entrar en escena el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, para decirnos que, en absoluto puede estar dispuesto a que nadie le supere en prepotencia y ensueño de la excelencia, quien, con un simple paseíllo de 20 metros en 30 segundos por los pasillos de la OTAN con el jefe militar de las bases militares estadounidenses en nuestro país, ha resuelto todos los problemas mundiales e incluso cósmicos.

De repente, esa España tan soñada como imaginada era colocada a la cabeza de Europa en la vacunación (la número cinco con una dosis y la onceava con las dos), en ayudas sociales (según el BCE, España representa la tasa más baja de la eurozona en este apartado, con el 1,3% del PIB, siendo la media europea del 4%), y en crecimiento económico (Eurostat nos sitúa a la cola de Europa en crecimiento económico); pero según este charlatán mentiroso de ferias y mercadillos, España es el país que más crecerá de Europa en 2021; España es el único país que ha elaborado un plan a treinta años vista, y la llegada del dinero comunitario constituye, según Sánchez, junto con la entrada en el Mercado Común y la creación del euro, uno de los tres acontecimientos más importantes de la democracia. Al presidente del Gobierno se le olvidó incluir en ese grupo el acontecimiento de carácter planetario señalado por Leire Pajín; sin embargo, calificó el plan de recuperación como la mayor movilización de recursos desde el Plan Marshall. Todo es histórico.

En efecto, Pedro Sánchez ya tiene el aval de Bruselas al Plan de Recuperación Económica que su Gobierno presentó a la Comisión Europea para acceder a la gestión de aquí a 2026 de 140.000 millones de euros –la mitad subvenciones y la otra la mitad ayudas a fondo perdido– para reconstruir y transformar la economía española tras la crisis provocada por la pandemia, estando prevista la llegada de las primeras partidas el próximo mes de julio, tal y como nos trasladó en Madrid la mismísima presidenta de la Comisión Europea, la alemana Úrsula Von der Leyen. Pero, claro, los fondos de recuperación no son el maná que cae del cielo, sino que deben ser financiados por todos los países, de tal manera que de los recursos que reciba España habrá que descontar las aportaciones que nuestro país tiene que hacer como miembro de la UE, lo que significa que de los 80.000 millones de euros que va emitir como bonos este año la Comisión, alrededor de 8.000 van a recaer sobre España por uno u otro procedimiento, bien sea por un incremento de su endeudamiento público bien cediendo determinados impuestos a la UE.

La cruda realidad es que, sin haber recibido un solo euro de los fondos, los distintos ministerios ya han gastado este dinero que España todavía no ha recibido, haciéndolo de una manera precipitada, sin planificación ni control de ningún tipo, con el correspondiente incremento del ya brutal endeudamiento público equivalente al 125,3 % del Producto Interior Bruto (1,4 billones de euros). Y, es que la ostentación y la pomposidad están contagiando a todos los ministerios, llevándose la palma el ministerio de Trabajo que, incluso se permitió la licencia de dar una lección a toda Europa y ejemplo para el mundo prolongando los ERTE, casi como el acontecimiento planetario de la Pajín.

En cualquier caso, los ERTE que, por cierto, no han sido inventados por este Gobierno, ni mucho menos, sino que ya existen desde la promulgación del Estatuto del Trabajador, allá por el año 1980, en ningún caso pueden ser utilizados, como se están utilizando, para disfrazar las alarmantes cifras del paro. Afirma la ministra Yolanda Díaz que son un recurso fundamental para proteger el empleo, lo cual no es cierto, porque estos en absoluto están impidiendo la aparición del desempleo, sino que le dan un tratamiento diferente.

Esto es, los trabajadores en estas circunstancias están obligados a abandonar, aunque sea temporalmente, su puesto de trabajo, aunque no figuren formalmente en las estadísticas. Por lo tanto, no sigamos haciéndonos trampas en el solitario. Jactarse, como hace la ministra, de que, en esta crisis, a pesar de producirse un descenso muy superior del PIB que, en la anterior, la reducción del empleo ha sido mucho menor es engañarse a sí misma y ocultar la realidad, entre otras cuestiones, porque en mayo del 2020 las personas en ERTE ascendieron a 3,6 millones de personas. ¿Cuál hubiese sido el porcentaje de paro si a la cifra oficial de los 3,8 millones, se le sumasen los 3,6 millones regulados en ERTE?

Según la Comisión Europea el Plan “responde de forma integral y equilibrada” a las exigencias impuestas por el IV Reich, aunque le recuerda al gobierno español que todavía faltan asuntos tan importantes y fundamentales como las reformas de las pensiones, laboral y fiscal.

Por lo tanto, mucho cuidado con echar las campanas al vuelo, porque para seguir recibiendo las ayudas para el rescate de nuestra economía habrá que completar una serie de reformas estructurales que aún no están detalladas ni con su calendario en el Plan de Sánchez.

En efecto, se conocen algunas de las propuestas que han presentado las grandes empresas españolas del Ibex 35 para ser subvencionadas por los fondos europeos de reconstrucción, apareciendo en sus carteras de proyectos la construcción de parques eólicos y fotovoltaicos, la digitalización de empresas, administraciones y turismo, la puesta en marcha de gigafactorías de baterías, el impulso del automóvil eléctrico y la apuesta por el hidrógeno como vector energético, pero, más allá, de la retórica de la sostenibilidad y la digitalización, ¿en qué medida van a contribuir estas propuestas a la transformación del modelo productivo?

La cuestión es que, con tal de seguir vanagloriándose, el Gobierno sigue haciéndose trampas, presentando un panorama económico falseado, tratando de vendernos los continuos mensajes triunfalistas del Gobierno y de sus cañones mediáticos acerca de que estamos en plena recuperación. Una prueba de ello, a modo de ejemplo, es la campaña propagandística que se viene desplegando por parte del ministro Escrivá refiriéndose a que la afiliación a la Seguridad Social alcanza ya cifras de prepandemia, tratando, de confundirnos, cuando el mismísimo Banco de España le ha señalado al ministro eurócrata que éste ha ofrecido los datos de afiliación en términos brutos sin descontar los trabajadores en ERTE, ya que, aunque mantengan la afiliación a la seguridad social, lo hacen de manera nominal y por el único motivo de que lo financia el Estado, pero en ningún caso se puede decir que están trabajando. Es más, la inmensa mayoría de los trabajadores en ERTE pasarán a ser trabajadores parados porque sus empresas habrán desaparecido.

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