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Carlos Cuesta

A contracorriente

Carlos Cuesta

Simón, el escultor de los sueños

En memoria de Simón Martínez García, artista lavianés fallecido esta semana

La vida está envuelta en vicisitudes y en lamentos imposibles. Y es que en el mejor existir, fenecer. Simón Martínez García era un rebelde afectivo y cargado de ilusión y sentimiento en su gran vocación y profesión. La escultura era para este animoso artista su pasión y su manera de ver la vida. Artesano del bronce en edad tardía, llegó a tiempo para trabajar a fondo sus obras melancólicas, costumbristas y marcadas por una realidad nítida. Vivía a fondo su labor especialmente tras la prejubilación en los pozos de Hunosa. Un hombre intenso de carácter, abierto con sus cinceles y riguroso en el acabado artístico realizó obras magistrales en su autodidactismo sentido. Sus manos y su mente iban a la par en la creación de sus ideas plásticas. Lo comprobé en varias ocasiones en su taller de El Condado en Laviana donde se refugiaba para pergeñar sus perfectos acabados. Y en este tiempo complejo amarrado a una pandemia maléfica, seguía con tiento y deseos para dar vida y técnica artística a sus pedidos.

Simón Martínez.

El más interesante y al que estaba volcado con ilusión y afecto era el grupo escultórico en homenaje a Armando Palacio Valdés con sus protagonistas de la Aldea Perdida, Nolo y Demetria. Una demanda de la Sociedad Cultural y Gastronómica La Pegarata. Un trabajo artístico para situarlo en la plaza mayor de Pola de Laviana. Todo estaba perfilado y a punto de concluir su composición tallada en bronce. El último toque era hornear y colocar las piezas preparadas en dura arcilla. En ese momento crucial una súbita enfermedad truncó su gran trabajo creativo. Es la frustración de la vida y la impotencia ante hechos guiados por el destino.

Simón vivió siempre esculpiendo momentos y encuentros amistosos. Estaba en el mejor instante de su trayectoria plástica cuando la Parca traicionera llamó a su puerta para alejarlo de este mundo y dejar inconclusa una obra maestra. Sí, así como suena. Arte en estilo puro.

El bueno de Simón se quedó a las puertas de culminar un gran trabajo. Pero la obra en sí misma tiene el sello incontestable del artesano del bronce lavianés. Mil abrazos de los amigos de la Pegarata y una satisfacción verdadera el haber contado con un escultor doméstico con las ideas claras y la razón en sus manos dominadoras de obras vivientes. Simón con sus trabajos ya forma parte del arte tradicional por antonomasia y un escultor sencillo, pero agarrado a lo más importante. Creer en sí mismo.

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