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Javier García Cellino

Velando el fuego

Javier García Cellino

Siempre ellas

Las reivindicaciones contra el racismo y por la igualdad en el deporte, lideradas por las mujeres

Han tenido que transcurrir cincuenta y tres años (desde 1968 hasta el actual) para que unos Juegos Olímpicos volvieran a registrar actos de protesta contra uno de los puntos más oscuros que siguen contaminando el paisaje humano. El racismo, una ideología que, como es sabido, pretende demostrar la superioridad de una raza sobre otra, aparece, por desgracia, con demasiada frecuencia en nuestro entorno. Y, además, alentado muchas veces por las crisis económicas, como ocurre en la actualidad, lo que ya en su día constató acertadamente el clérigo pacifista sudafricano Desmond Tutu con su conocida frase: “Siempre que el sistema económico va mal, surge el racismo”.

La cancha del Estadio Olímpico de México sirvió de escenario, en octubre de 1968, para un acto, icónico donde los haya, de dos atletas afroamericanos que, mientras sonaba el himno nacional, levantaron el puño y sostuvieron su mirada al suelo en protesta contra el racismo. Se había iniciado el famoso “Black Power”.

Desde entonces, el mundo del deporte a gran escala, y en sus distintas disciplinas, continúa dominado por personas que no solo tienen un escaso sentido de la democracia, sino que en muchas de ellas anida un pensamiento ultraconservador, ajeno por completo a los cambios que se van produciendo en el mundo (baste constatar la actitud de los dirigentes de los grandes clubes de nuestro fútbol o de otras actividades).

Conscientes del rol subalterno que se les asigna en la sociedad, pero dispuestas siempre a cambiar este modelo, las mujeres han decidido de nuevo dar otro paso al frente, eligiendo en esta ocasión un escenario idóneo, los Juegos Olímpicos de Tokio, para enfrentarse a quienes manejan la industria del dinero y de la sumisión. Y puesto que la historia es una sucesión de estampas que se van repitiendo, han dicho que el poder negro de México 1968 necesitaba un nuevo impulso que lo fortaleciera aún más, una nueva nervadura que añadir al pulso contra el racismo. De modo que sin más premura decidieron afrontar el reto y, al igual que en aquella ocasión, protagonizaron un episodio de gran valor y también con evidentes tintes icónicos: hace unos días, y antes de sus partidos en el arranque del fútbol femenino, varias selecciones optaron por hincar la rodilla al suelo (a no tardar, el COI envió un mensaje a los departamentos de comunicaciones de los distintos países prohibiendo mostrar esas imágenes).

No hay duda de que este gesto, al igual que lo sucedido en México 68, contará con evidentes detractores. Y que, una vez más, volveremos a escuchar ese mensaje tan falaz según el cual “No hay que mezclar la política con el deporte”. Lo que de alguna manera se puede resumir en que quienes pronuncian esta frase (no todos, naturalmente) lo hacen porque se trata de actitudes contrarias a su ideología. Mas creo que es hora ya de acabar con esta cantinela: si se habla de política en la calle, en los bares o en cualquier sitio, lo mismo puede hacer un deportista o el representante de un club. Claro que la cosa cambia cuando las entidades públicas rescatan con dinero público a diferentes clubes. Es entonces cuando los directivos pintan el paisaje de un color distinto.

En todo caso, quede para el recuerdo lo sucedido hace unos días en Tokio. Ese gesto de protesta, el Black Live Matter contra el racismo, una vez más pone de relieve que las mujeres siguen ocupado un lugar prioritario en la lucha por la defensa de las libertades. Sirva como espejo, y por seguir refiriéndonos al plano deportivo, el fútbol femenino en nuestro país: no sería hasta la II República cuando comenzó a abrirse paso, una experiencia truncada por el franquismo y rescatada después ya en los albores de la democracia. Mucho camino recorrido desde entonces pero, a la postre, un final feliz. Aunque, sin duda, falten aún muchos tramos para completar el itinerario.

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