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¿Se acuerdan de aquellos infelices, que uno le dice al otro: “¿Qué prefieres, un susto o la muerte? El listo responde: el susto. Y entonces el otro dice: ¡uuhhhh! . A lo que responde: ¡qué susto! Pues haber pedido la muerte”. El chiste, como tal, es malísimo, pero nuestra historia hoy tiene su base real.

Transcurre en el salón de plenos de Andalucía, donde un ratón hace acto de presencia, lo que provoca más de un susto. Sé el comienzo de la historia, pero no me han contado quién dio caza al roedor, si fue un consejero valiente o un ujier armado con una escoba o una simple y atrevida patada.

A mí me hubiese gustado que el ratón o mejor, una hermosa y grande rata de alcantarilla, hubiese hecho acto de presencia en las Cortes nacionales, un día de esos que el pleno estaba a rebosar e incluso el día de votaciones y sus ilustrísimas paseaban desde su butaca hasta la urna de votación. El susto sería mayúsculo. Sería fácil que quien anduviese por la escalera acabase en la Carrera de San Jerónimo o plaza de las Cortes. Y a lo peor, no regresaría más.

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