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Javier García Cellino

Velando el fuego

Javier García Cellino

Suicidios juveniles

La pandemia, la crisis económica: entre los más jóvenes quitarse la vida ya es la principal causa de muerte

Según las estadísticas, aumentan los suicidios entre la bancada juvenil, hasta el punto de que hay cifras relevantes que producen escalofríos. Desde que los suicidios entre jóvenes han aumentado un 30% en el primer año de la pandemia, a que se han convertido en la primera causa de muerte entre los jóvenes españoles, algo que nunca había sucedido en la historia desde que se dispone de estadísticas. Todo depende del lugar del que fluyan las noticias, pero, en todo caso, el olor funerario acompaña siempre a estos datos.

Intentar navegar por las corrientes que impulsan este tipo de actuaciones autodestructivas no resulta, precisamente, muy sencillo. Y, como siempre, una vez más, los vínculos que sirven para introducirse en ese manto freático que discurre cerca del infierno forman un abanico muy extenso en todas sus dimensiones. Lo mismo se trataría de trastornos mentales, en los que influirían motivos diversos: la vasta soledad del desamparo o la incomunicación; las pulsiones continuas y desenfrenadas en muchos casos de sustancias malsanas, como lo son cualquier tipo de drogas, entre las que, por descontado, hay que citar al alcohol; u otros que tienen la piel pigmentada con diversos colores: problemas financieros, ruptura de relaciones, enfermedades más o menos terminales… Y así podríamos continuar un largo itinerario que, en todo caso, nos colocaría delante de un abismo aterrador.

Leía recientemente que una persona experta en el tema colocaba a nuestra región a la cabeza de los suicidios que ocurren en el país. Si bien se mira, esa afirmación resulta del todo punto creíble. No en balde vivimos en una región que ha sufrido diversas alteraciones en los últimos tiempos, y cuyo bagaje económico y social dispone de las suficientes baterías para repercutir de forma directa en conductas de este tipo.

Si a fin de cuentas la historia es una larga sucesión de capítulos que se van engranando uno detrás de otro, sin que quepa separarlos del todo a la hora de hacer un balance de resultados, no podemos olvidar que el páramo industrial que nos rodea ha afectado, y continúa haciéndolo, a modos de conducta y, en consecuencia, a actuaciones de cada uno de los ciudadanos. El cierre de las minas y de fábricas que en su momento sostenían la economía familiar no ha sucedido en balde (paro, conflictos familiares, pérdida de autoestima en muchos casos…). Hemos pasado de unos momentos de cierta bonanza y, sobre todo, de seguridad laboral y económica, a otros en los que se han venido abajo muchos sueños. Las Cuencas han sido el tablero donde se ha jugado esta partida maestra. No solo se buscaba trasladar las ganancias conseguidas en nuestro suelo a otros lugares del país o del extranjero para multiplicarlas por cien, sino que resultaba patente el interés por desactivar esa rebeldía que, sobre todo entre los jóvenes, tenía un peso importante para sostener nuestra conciencia social.

De ahí a la aparición de la heroína, sobre todo, y también de otras sustancias tóxicas, no había más que un paso. Y, por desgracia, se dio. Jóvenes que cerraron los ojos para siempre y otros que aunque viven lo hacen en ese largo olvido del que nunca se regresa. Son tiempos difíciles para todos, pero, en especial, para los jóvenes, pues han cambiado las formas de comunicación y su sensación de un futuro estable se está viniendo abajo debido a las continuas crisis y a la falta de oportunidades. Si a todo ello añadimos la actual pandemia (soledad, aislamiento…) no resulta difícil afirmar que nos encontramos ante un panorama escasamente alentador.

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