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El “Éter” de Anka Moldovan

Reflexiones sobre la muestra que la artista inaugurará este viernes en Mieres

La sala de exposiciones de la Casa de la Cultura Teodoro Cuesta (Mieres) tiene el gusto de inaugurar la muestra Éter: Anka Moldovan el día 17 de septiembre a las 12.00 horas. La exposición concluye el 30 de septiembre y puede visitarse de lunes a viernes en horario de 12.00 a 14.00 horas y de 17.00 a 21.00 horas.

La pintora rumana Anka Moldovan (Cluj-Napoca, 1976) lleva residiendo en España desde su infancia. Su interés por el arte, en concreto mirando hacia los iconos bizantinos le llegó gracias a un contexto particular. Su padre como sacerdote ortodoxo tiene mucho que ver con la presencia de estas imágenes religiosas y de bella estética en el día a día de Moldovan durante su niñez.

La instrucción artística de Moldovan se desarrolló en talleres tanto rumanos como españoles y después se licenció en Historia del Arte por la Universidad Autónoma de Madrid en 1998.

Tras su trabajo con el productor y director de televisión Valerio Lazarov, Moldovan se introdujo en el universo de la cultura, luego se implicó en asuntos sociales dentro de la Comunidad de Madrid y finalizó en calidad de diputada de la Asamblea de Madrid, cargo que desempeñó desde 2017 hasta 2019.

Una vez decidió terminar su carrera política, Moldovan se trasladó a Asturias, concretamente a un pequeño pueblo del concejo de Salas, apartada de su ajetreada vida en la urbe madrileña. La interrupción de la continuidad entre su pasado laboral basado en los temas sociales y políticos –enriquecedor en todo caso, incluso aplicado a la plástica– y el presente le permite a Moldovan dedicarse por completo a su vocación profesional. Además, Asturias es una gran inspiración para la artista, en la que el clima, las habituales nieblas de las montañas y la frondosidad y cromatismo de los bosques le son útiles a nivel creativo y símbolo de un cambio de aires.

Como planteo en el texto comisarial, la pintura de Anka Moldovan difícilmente puede describirse en palabras. Ese texto sirve como una écfrasis, es decir, una interpretación que acompaña a la experiencia individual de cada visitante. El público se deleita con la exposición artística y, a través del texto, encuentra un complemento.

La palabra éter es un vocablo venido de la historia de la ciencia. Definió a la sustancia incorpórea por la que se manifestarían fenómenos tales como el magnetismo, la gravedad o la luz. Este medio habría sido creado por Dios, al menos desde una visión occidental, inherente al cristianismo. Resulta evidente que el éter es un término desfasado en la ciencia, aunque su carga poética permanece hasta nuestros días.

La artista Anka Moldovan mantiene vivo el concepto de éter, pues en calidad de demiurga elabora las obras de su universo particular siguiendo una armonía.

Cada pieza de su trayectoria conjuga con la posterior de forma equilibrada, demostrando una continuidad, pero también un crecimiento por parte de la pintora, tanto a nivel artístico como personal. Son protagonistas frecuentes de sus obras los paisajes urbanos y naturales, en los que se vislumbran figuras humanas.

Tampoco se pueden dejar de lado las representaciones femeninas; constituyen el ideal de belleza para Moldovan. Además, los personajes, en soledad o en multitud transitan en una atmósfera neblinosa, la cual descontextualiza todos los motivos pictóricos.

Este ambiente convierte las diversas iconografías en imágenes vaporosas, apostando por el purismo, ya que para Moldovan prima el resultado estético por encima de los precisos y rebuscados símbolos.

Sin embargo, las obras no están exentas de los sentimientos de la autora durante su trabajo; simientes del producto final. Asimismo, el esfuerzo que conlleva la preparación de las tablas, el empleo de las texturas para enriquecer las piezas y las veladuras con óleo se traduce en la importancia de la técnica en la búsqueda de una pintura armónica, depurada y claramente etérea.

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