Opinión | de lo nuestro Historias Heterodoxas
Ernesto BURGOS
Una explosión sospechosa
El estallido que se produjo en 1929 en el colegio Santiago Apóstol de Mieres
El suceso que hoy les voy a contar siempre se fecha erróneamente en el año 1928, cuando en realidad ocurrió un año después. El origen de esta confusión se debe a sus propios protagonistas, los Hermanos de la Doctrina Cristiana del Colegio Santiago Apóstol de Mieres, que al celebrar en 1954 las bodas de oro de su llegada a esta villa publicaron un álbum conmemorativo y en el momento de recordar cómo habían sido sus bodas de plata las situaron un año antes de la realidad.
Después, inexplicablemente, alguien abundó en la confusión equivocando también el mes, afirmando que aquella efeméride se había desarrollado en junio, en vez de julio, y así el 23 de julio de 1929 se convirtió en nuestra historia en un 23 de junio de 1928, un día en el que no ocurrió nada relacionado con lo que hoy les voy a contar.
Esta corrección no merece más de un párrafo, sin embargo sí me voy a detener en las circunstancias que alteraron lo que solo debía haber sido un pacífico aniversario: me estoy refiriendo a la gran explosión que destrozó parte del edificio que hoy todavía conocemos, cuando se iban a celebrar los primeros veinticinco años del colegio. Y lo voy a hacer, porque, aunque nunca se ha dicho, creo que cabe la posibilidad de que no fuese algo puramente accidental.
Fue, como les he adelantado, el 23 de julio de 1929. Un caluroso día de verano en el que la Comunidad y los Antiguos Alumnos del centro se afanaban en la preparación del programa que se iba a desarrollar los días 27, 28 y 29 de aquel mes. Entre los actos previstos se esperaba un lanzamiento de fuegos artificiales, que ya estaban almacenados en la zona residencial del edificio; junto a ellos también se depositaron los habituales voladores que nunca faltan en las fiestas de los valles mineros, lo que hacía un total de cuarenta docenas de cohetes, entre los que se hallaban dos de bomba y algunos pequeños fuegos de artificio.
Aproximadamente a la una de la tarde un formidable estruendo se escuchó en todo Mieres. Muchos vecinos salieron de sus casas preguntándose qué había ocurrido y vieron elevarse una columna de humo a la altura del colegio, por lo que se dirigieron hacia allí temiendo lo peor. La humareda se elevaba desde la parte posterior donde estaban la capilla y las habitaciones ocupadas por los Hermanos de La Salle, y poco tiempo después la multitud congregada ante la puerta principal era tan grande que se hizo necesaria la actuación de las fuerzas de la benemérita y la guardia urbana para mantener el orden.
A primera vista se podía apreciar que la detonación había levantado parte de la techumbre, arrancando de cuajo uno de los balcones del frente, y una vez examinado el interior se supo que allí los destrozos también eran considerables: varias dependencias, entre ellas el comedor, habían quedado destruidas; la claraboya central, algunas puertas, enseres y gran parte del mobiliario estaban hechos añicos y la trepidación había agrietado muchos de los tabiques, pero afortunadamente no habían ocurrido desgracias personales.
Esta circunstancia fue calificada de milagrosa, ya que si el estallido se hubiese producido una hora antes o una hora después las víctimas habrían sido numerosas.
Por un lado, en aquellos días de vacaciones se estaba trabajando en el adecentamiento e iluminación de las aulas y los obreros, albañiles, pintores y electricistas acababan de dejar su labor pensando en reincorporarse por la tarde. Por otro, muchos niños que solían aprovechar las instalaciones aún cuando no había clase también se habían marchado a aquella hora para sus respectivos domicilios. Y, por último, los Hermanos mantenían la costumbre francesa de comer pronto y pasear después por las calles para facilitar la digestión.

Una explosión sospechosa / Ernesto BURGOS
“La Voz de Asturias” informó al día siguiente de que se ignoraban las causas de la explosión, aunque todas las posibilidades quedaban abiertas y las autoridades estaban investigando el hecho. Luego, no se volvió más sobre el asunto y aunque se planteó aplazar la conmemoración de las bodas de plata, finalmente el sábado 27, tal y como estaba previsto, comenzaron las fiestas con una gran verbena en la que lució una artística iluminación eléctrica y se pudo oír la música de la Banda municipal.
Pero aquel mismo día, en un pequeño párrafo de la crónica periodística se pudo leer esta opinión sobre una polémica que afectaba a los organizadores de la efeméride:
“Bien lamentamos nosotros y lamenta casi en general el pueblo que enojosos caprichos y torcidas interpretaciones hayan querido dar al traste con los laudables propósitos de ese puñado de jóvenes ansiosos de tributar con una alteza de miras muy grande y desposeídos en absoluto de censurables egoísmos, la gratitud que se debe a estos beneméritos profesores de la Salle, para los que con tanto cariño se les busca un momento de satisfacción inigualable al ver que su obra educadora ha merecido la estimación general y el recuerdo perenne de cuantos de ella han alcanzado señalados beneficios. Causas especiales que no queremos traer aquí, pero que en el ánimo de todos están, quitaron indudablemente alguna brillantez a los actos que se habían proyectado pero no conseguirán disminuir en un ápice el enorme valor moral que esta ofrenda de antiguos alumnos representa para los hermanos de las Escuelas cristianas”.
Las primeras líneas pueden hacer referencia al malestar que había producido en algunos sectores de la villa la vinculación del Colegio de La Salle con la política del general Primo de Rivera. El domingo, en una misa solemne con música y coros, se pudo oír la predicación del carmelita Eufrasio del Niño Jesús, quién sería fusilado en Oviedo en el curso de la revolución de 1934, y tras la ceremonia se celebró un banquete presidido por el alcalde don José Sela y don José Trelles, los dos dirigentes de la Unión Patriótica en Mieres, en el que religiosos y afiliados compartieron mesa hasta alcanzar el número de doscientos comensales.
Aquella no era la primera ocasión en que se mostraba esta alianza, que ya había causado malestar en la izquierda local dos años antes, cuando la Academia de Santiago Apóstol, una asociación creada por aquellos antiguos alumnos, incorporó a muchos jóvenes derechistas mierenses que no habían tenido ninguna relación con el colegio, transformándose en una asociación de carácter político en apoyo a la Dictadura. Haciendo un poco de historia, tampoco podemos olvidar la oposición que los sindicalistas de la villa mantuvieron con los Hermanos desde su llegada a Mieres en 1904. Después de desechar otros lugares donde impartir las clases, se aprobó una casona cedida por la familia Méndez Trelles y los mismos frailes escribieron que mientras se estaban habilitando las aulas, el párroco de Mieres don Valeriano Miranda, que controlaba las obras, “oía impertérrito las censuras, insultos y amenazas de los elementos exaltados, que entonces abundaban en Mieres y pasaban por el periodo álgido del sarampión revolucionario”.
En aquel momento, los obreros de la Fábrica, para cuyos hijos se construía el colegio, también boicotearon la matrícula inicial y solo se decidieron a acudir cuando la dirección empezó a admitir a otros niños de la villa ajenos a la empresa.
También hay que señalar que en la década de 1920 se multiplicaron los atentados y el edificio del Santiago Apóstol ya había sufrido uno en diciembre de 1921. En aquella ocasión explotaron tres cartuchos de dinamita que tampoco causaron daños personales. Varios sindicalistas fueron acusados por esta acción y después de ser interrogados en el cuartel de la Guardia civil de Mieres quedaron en libertad. Después se trasladaron hasta el Gobierno civil de Oviedo acompañados por Isidoro Acebedo y un grupo de compañeros para denunciar que había sido objeto de malos tratos y allí volvieron a ser detenidos por segunda vez. Por fin, la inculpación recayó sobre un solo militante comunista, que fue juzgado y absuelto en mayo de 1922.
Ciñéndonos a lo ocurrido en julio de 1929, los Hermanos dijeron que el material explosivo estaba guardado en un lugar seguro donde nada hacía prever que se pudiese producir un accidente, pero aún resulta más extraño la hora de la detonación, la única del día en que el recinto estaba vacío, lo que además de facilitar la entrada al mismo de quien no quisiese ser visto, aseguraba también que no se produjesen víctimas.
Pudo tratarse de una simple causalidad, o no. De cualquier forma, nadie reivindicó la autoría de un posible atentado en protesta por la colaboración habitual de los Hermanos con el partido creado por el dictador Primo de Rivera por lo que esta explosión ha pasado a la historia como un hecho accidental.
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