Opinión | de lo nuestro Historias Heterodoxas
Ernesto BURGOS
José Elduayen, el ingeniero abolicionista
Diseñó el ferrocarril de Gijón a Langreo y acabó con la esclavitud en Puerto Rico y Cuba
Si mencionamos en Asturias el nombre de José Elduayen Gorriti, una minoría de expertos e investigadores de nuestra historia lo vinculará rápidamente con el trazado del ferrocarril de Langreo; entre estos serán aún menos los que conozcan que en la segunda mitad de su vida desempeñó cargos públicos de relevancia, incluyendo varios ministerios, y casi nadie conocerá que fue uno de los responsables de la abolición de la esclavitud en Cuba y Puerto Rico. Y es que mientras su labor como ingeniero y su actividad como dirigente político son fáciles de rastrear, resulta más complicado determinar el verdadero papel que jugó como abolicionista.

José Elduayen, el ingeniero abolicionista / Ernesto BURGOS
De modo que hoy quiero dar algunas pistas sobre este asunto, porque José Elduayen fue un personaje decisivo para el desarrollo industrial de Asturias y especialmente de la Montaña Central y no está de más que sepamos algo más sobre él.
Nuestro hombre nació accidentalmente en Madrid en 1823, aunque sus padres eran navarros y lo llevaron muy pronto a Pamplona, donde pasó sus primeros años. Luego, a pesar de las dificultades económicas, en 1839 pudo ingresar en la Escuela de Caminos, Canales y Puertos y el 1 de enero de 1845 fue destinado al distrito de Obras Públicas de Asturias y León para trabajar en los proyectos de las carreteras de Villaviciosa a Pola de Siero, Oviedo a Grado y la construcción del camino de Avilés.
Después intervino en las obras de la carretera entre Madrid y Valladolid, aunque volvió a Asturias requerido por Manuel Beltrán de Lis para que realizase el trazado de un ferrocarril que debía llevar el carbón de la cuenca del Nalón hasta un puerto de embarque. Lo concluyó en 1847 y al año siguiente asumió el cargo de director técnico del Ferrocarril de Langreo
Esta línea fue la tercera que se abrió en España y la primera realizada enteramente por españoles. El proyecto inicial era muy ambicioso y debía enlazar Langreo Oviedo y Mieres con un cargadero de mineral en la costa.
El 25 de agosto de 1852 la reina Isabel II y su séquito ya pudieron recorrer 10 kilómetros en un vagón preparado con todo lujo y el 12 de julio de 1856 se inauguró oficialmente la línea de 39 kilómetros entre Sama y Gijón, con un ancho de vía de 1,44 metros, después de superar obstáculos tan difíciles como el plano inclinado de San Pedro o los túneles de Conixho y Carballín.
El trazado inicial se completó más tarde con enlaces hasta los cargaderos de carbón y otros dos ramales hasta La Oscura y Pola de Laviana, pero Elduayen ya había dejado Asturias en octubre de 1855 por sus discrepancias con Manuel Mayo, director gerente de la empresa, y en el momento de la inauguración estaba destinado en Orense por el Ministerio de Obras Públicas.
Allí siguió trabajando en la ingeniería de caminos y puertos, pero a la vez obtuvo el acta de diputado por Vigo en 1857, renovándolo varias veces, aunque se trasladó a Madrid donde su carrera política fue tan brillante como su fortuna. En esto último tuvieron mucho que ver sus dos matrimonios, primero con la hija del marqués de Valladares y en segundas nupcias con Purificación Fontán, marquesa del Pazo de la Merced e hija de Ventura Fontán, que era el director del Real Sitio de El Buen Retiro y de su fábrica de porcelana.
Para ver ahora la vinculación de Elduayen con la abolición de la esclavitud, debo empezar diciendo que España fue uno fue uno de los países más tardíos en decretar esta norma. La ley que abolió la esclavitud en Puerto Rico fue aprobada el 25 de marzo de 1873 por la I República Española, mientras los esclavos de Cuba tuvieron que esperar hasta el 13 de febrero de 1880 cuando el rey Alfonso XII sancionó el decreto que llevaba la firma de José Elduayen, que era entonces ministro de Ultramar.
Mucho más difícil resulta encontrar cualquier referencia a otra intervención suya en el mismo sentido que ocurrió casi dos décadas antes.
En las monografías sobre la abolición en España se recogen dos precedentes a partir de la revolución de 1868: el primero fue la llamada “Ley de vientres libres”, el 4 de julio de 1870, siendo ministro de Ultramar Segismundo Moret, que concedió la libertad a los futuros hijos de las esclavas; el segundo un proyecto de ley destinado a Puerto Rico que redactó el gobierno de Manuel Ruiz Zorrilla en 1872 y provocó un gran movimiento de rechazo tanto en España como entre los grandes propietarios de las islas.
Pero por algún motivo, siempre se olvida otro decreto que se aprobó dos años más tarde, el 18 de agosto de 1872, cuando reinaba en España Amadeo de Saboya. El texto tenía cuatro capítulos y 56 artículos que determinaban la creación de Juntas de protección de los libertos y su amparo por patronatos reconociendo el derecho de aquellos que deseasen retornar a África y habilitando barcos para este propósito.
A la vez establecía indemnizaciones para sus dueños y siguiendo las normas éticas de la época también hacía constar que los libertos que por su mala índole demostrasen aversión o mala voluntad al trabajo o fuesen incorregibles, deberían ser abandonados por las Juntas que les correspondiesen; y estas, con aprobación de la Junta Central, les retiraría su protección.
La brevedad del reinado de don Amadeo hizo imposible que este decreto tuviese efecto, pero de cualquier forma hay que saber llevaba la firma del ministro de Ultramar Eduardo Gasset y Artime y que en él tuvo que mucho que ver José Elduayen, bien situado en el círculo que arropó al monarca italiano y que acababa de ser ministro de Hacienda en el cuarto gobierno del general Francisco Serrano desde el 26 de mayo de 1872 al 13 de junio de 1872, solo dos meses antes de la publicación de la norma.
El caso es que Elduayen siempre apoyó la política de Antonio Cánovas del Castillo quien destacó oponiéndose a estos proyectos abolicionistas, una contradicción que sin embargo no trajo la enemistad entre ambos. Con su ayuda, el artífice del ferrocarril de Langreo también fue gobernador civil de Madrid y gobernador del Banco de España y volvió a ser ministro, esta vez de Ultramar, en dos ocasiones.
Desempeñando este cargo se convirtió en un experto en las relaciones de la metrópoli con Cuba y el 9 de junio de 1878 publicó una serie de reales decretos para mejorar la administración de la isla. La dividió en seis provincias y reorganizó su intendencia en torno a un gobernador general que aunque debía ser designado por el presidente del Consejo de ministros concentraba el mando civil y militar con unas atribuciones que le permitían contradecir las disposiciones del gobierno de Madrid, en un claro guiño a las peticiones de los autonomistas.
También fue tres veces ministro de Estado y por último ministro de Gobernación, siempre en gabinetes presididos por Cánovas, quien también le dio el derecho a utilizar el marquesado de Pazo de la Merced y creó para él el título de marqués de Elduayen. Como ejemplo de su poder económico puede verse en el paseo de Recoletos de Madrid el magnífico edificio que mandó construir entre 1881 y 1882, considerado como un prototipo de las residencias nobiliarias y de las clases altas de la sociedad alfonsina, que fue remodelado en la década de 1990 para albergar a la Fundación Mapfre.
La ley de abolición de la esclavitud en Cuba por fin se hizo efectiva el 7 de octubre de 1886 y supuso la libertad de los últimos 25.000 esclavos africanos o hijos de africanos de los territorios españoles de ultramar. A su vez, José Elduayen ocupó la presidencia del Senado desde 1896 hasta su fallecimiento el 24 de junio de 1898. Ocho días antes de que el ejército español fuese humillado por los Estados Unidos de América en la bahía de Santiago de Cuba y perdiésemos la isla para siempre: 343 muertos, 151 heridos, 1889 prisioneros y 6 barcos hundidos frente a 1 muerto y 2 heridos en el bando enemigo.
Quien podía haber sido uno de los mejores ingenieros de la historia de España prefirió cortar de repente su carrera para dedicarse a la política, pero su trabajo en el ferrocarril de Langreo fue decisivo para el desarrollo minero de la Montaña Central. Su cuerpo reposa en el cementerio de Pereiró de Vigo, una ciudad en la que puede verse un monumento con su estatua en bronce rodeada por cuatro alegorías que representan a los ministerios de los que fue titular: Hacienda, Gobernación, Ultramar y Estado. Una calle de Gijón también lleva su nombre.
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