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Javier García Cellino

Velando el fuego

Javier García Cellino

El pantano de Tanes

La navegabilidad del embalse de Caso como acicate para resolver los problemas que tiene el concejo

Tirar del hilo de la memoria no significa, precisamente, que se trate de una tarea fácil. Cada hebra que lo forma está anudada a otras fibras, más o menos gruesas o delgadas, según los casos, de modo que es preciso mucho tino para ir deshaciendo ese ovillo. Y, sobre todo, se trata de una precisa práctica quirúrgica, una paciente labor de síntesis para quedarse con las partes más importantes de esa metáfora narrativa.

Por lo que se refiere al río en el que se bañan mis recuerdos de casi treinta años en el municipio de Caso, hay, sin duda, momentos que por su importancia, por el poso que fueron dejando en mí, se alzan sobre otros que ocupan un lugar menos destacado en mis rememoranzas. Eso sí, dejando siempre de manifiesto que unos y otros forman una segunda piel que me sigue abrigando desde entonces. No en balde se trata de un paisanaje –mis compañeros del ayuntamiento en primer lugar– muy difícil de olvidar.

En esa sucesión de acontecimientos que viví en el concejo casín, se mezclan, como es lógico, momentos de exultante alegría (nombrar alguno de ellos podría dejar en el olvido hechos no menos relevantes) con otros en los que la decepción y la impotencia se daban la mano. Y, cómo no, las promesas incumplidas o que se demoraban en el tiempo ocuparon siempre un lugar relevante. Nada nuevo si se piensa que las administraciones (y me refiero a las que están alejadas del medio rural) acostumbran a caminar con pasos de elefante las más de las veces.

Dentro de estas promesas que se han dilatado en el tiempo, ha sido una constante, durante bastantes años, la necesidad de apuntalar un recurso muy importante para el concejo, cual es el pantano de Tanes. Hacer un uso lúdico y deportivo que permita la navegación (por cierto, es uno de los pocos del país que quedan sin esta actividad) ha sido siempre una referencia constante de todos los vecinos del concejo y de todos los responsables municipales del mismo que, al margen de sus colores políticos, no olvidaron nunca una reivindicación que, por fin, parece hacerse realidad.

En esta ocasión la cita de “Nunca es tarde si la dicha es buena” no debiera de servir solo de consuelo, sino, y sobre todo, como acicate para seguir impulsando, y con más fuerza si cabe, todas las demandas que sean necesarias. La telefonía móvil; la falta de suministro de luz en ocasiones; la preocupación de los ganaderos a causa de los lobos o el arreglo de la carretera que va desde Bueres a La Marea, entre tantas otras necesidades, acuden prestas a mi cabeza, pero todos sabemos que son muchos más los problemas a los que la administración regional debe dar respuesta.

Que las embarcaciones de uso deportivo puedan navegar por el pantano de Tanes significa, sin duda, un importante revulsivo para un concejo de excepcional belleza (recuerdo bien el día en que la Unesco, y de eso hace ya veinte años, declaró a Redes como Reserva de la Biosfera). Ahora falta que se complemente con la dotación de equipamientos e instalaciones que permitan el acceso a los servicios básicos (la conexión a internet sobre todo), pues si no sucediera así, resultará muy difícil que vengan personas de afuera a instalarse en el medio rural.

Todos sabemos de la existencia de la España vaciada (el crecimiento vegetativo negativo y el desequilibrio de los flujos migratorios son sus principales causas), que no augura, precisamente, un futuro halagüeño. Ojalá que nuestro concejo (me expreso en plural para referirme a una parte de mi territorio íntimo) crezca como así se merece, y que, por tanto, no llegue nunca a formar parte de esa triste realidad.

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