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Luis Alonso Vega

Desde la Meseta

Luis Alonso-Vega

Dígame

Una de las bromas telefónicas es cuando responde el que descuelga y el que llama dice: “Me”. Hay mejores y peores chistes, pero los dejaremos para otros momentos. Sin embargo, es la hora de hablar de los aparatos telefónicos. Punto y aparte.

Durante muchos años se dijo que el inventor del teléfono había sido el norteamericano Alexander Graham Bell en 1876. Pero en la realidad fue Elisha Gray, que quizás al andar escaso de fondos no pudo patentar el aparato por él antes inventado. Y teniendo en cuenta igualmente al inventor italiano Antonio Meucci en 1860. Es una especie de guerrillas en pleno siglo XIX.

Los aparatos diseñados se diferenciaron unos de los otros. Y, así, con el tiempo, diferentes compañías distribuidoras, modernizaron y presentaron teléfonos manuales de sobremesa, sustituyendo a los de pared.

Se crearon cabinas telefónicas en las calles y avisos de urgencia en las carreteras. En las casas, despachos y oficinas se hizo imprescindible y, así, de pronto, otros inventores crearon los teléfonos móviles, primero de enorme tamaño y con difícil comunicación. Más adelante llegaron al mercado mundial aparatos más prácticos, supeditados a altas antenas que, en su momento, la medicina criticó, afirmando ser la causa de cánceres y enfermedades mentales. Al final creo que esto se descartó y hoy grandes y pequeños usan los móviles con toda libertad.

Hoy echo de menos los teléfonos directos, porque ha desaparecido la clásica guía de usuarios, así como las llamadas “Páginas amarillas” a los efectos de profesionales. Y si usted quiere llamar a alguien que solo maneje el móvil, lo tiene muy duro y nada fácil.

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