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Ricardo Montoto

Dando la lata

Ricardo V. Montoto

Caer bajo

La política se ha convertido en un lamentable espectáculo

Me parece que la sobredosis de información política que padecemos en este país no puede ser saludable.

Claro que es conveniente estar al día y ser conocedores de la situación y el debate políticos. Pero de ahí al actual y constante “reality”, que consume horas y días enteros, no sobre lo mollar sino focalizado en la banalidad, media un abismo. Lo serio y fundamental que ocurre en este país queda sepultado bajo toneladas de chorradas a las que se da importancia trascendental cuando no son más que frases del guión sobre el que se asienta el teatrillo político, eso que los participantes quieren que veamos para que constituya el centro de nuestras conversaciones y discusiones.

Mientras se toman decisiones de enorme importancia que nos afectarán en el futuro, los focos se concentran en los dimes y diretes, las miraditas, los mensajes en las redes sociales y las confidencias filtradas que componen la comedia de los equívocos con la que se nos pretende distraer. Cuánto dan de sí las puyas dentro del PP –vaya novedad-, las tensiones “baroniles” en el PSOE –poco ruido y ninguna nuez-, la competición de egos podemitas y las riñas desganadas de los indepes –la pela es la pela-. Nos ocupan más los líos entre ellos que lo que están haciendo, o deberían hacer, por nosotros, para conseguir que este país sea un lugar mejor.

Hemos convertido la noble función política en un lamentable espectáculo del estilo de Gran Hermano, siempre presente en los medios de comunicación y con unos actores de pésima calidad. El espacio y tiempo dedicados al insufrible vodevil político, a lo mal que se llevan Ayuso y Casado -¡Al suelo, que vienen los nuestros!, que exclamó el inolvidable Pío Cabanillas (padre)-, los recelos que despierta Yolanda Díaz entre los morados y los guiños y palmaditas que Sánchez da o deja de dar a sus ministros, ya se han igualado al de las tertulias de cotilleo y los debates sobre los “reality shows”.

No podía la política caer más bajo.

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