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Carlos Cuesta

A contracorriente

Carlos Cuesta

Galdós en Asturias

El viaje del escritor por la región y la visita que realizó a La Felguera y a la casa natal de Palacio Valdés en Laviana

Corría el año de 1880. El entonces popular escritor canario Benito Pérez Galdós aprovechó unos días del mes de julio para conocer Asturias. En el ateneo madrileño mantuvo excelente relación con Leopoldo Alas “Clarín” y especialmente con Armando Palacio Valdés. De estos encuentros culturales y literarios surgió una gran amistad. Palacio Valdés animó a su colega a acercarse por el Principado y una visita obligada sería Laviana y entornos.

En efecto. Galdós llegó a Oviedo en el tren correo desde Madrid. Aquí lo esperaban escritores y gentes del universo cultural ovetense. Conoció muy bien Oviedo y desde la capital asturiana recorrió Trubia y su fábrica de armas, las Caldas, La Felguera y sus altos hornos. Más tarde alcanzó Laviana y en este concejo conoció la casona natal de Palacio Valdés y observó el impetuoso Nalón con la cumbre de Peña Mea al fondo que le causó notable admiración y belleza natural. La comitiva aprovechó para disfrutar de un refrigerio en casa Ezequiel, popular local en ese tiempo y en donde Galdós pudo probar una ligera menestra y truchas del Nalón. Desde Laviana, viaje hasta Covadonga y desde el santuario mariano, ruta hasta Santander.

Este momento viajero siempre lo recordó Galdós con afecto y devoción, según lo reveló Palacio Valdés en los encuentros del Ateneo. El autor de “Miau”, “Fortunata y Jacinta”, “Marianela” y los portentosos “Episodios Nacionales” llegó a Madrid cargado de naturaleza y hospitalidad asturiana y así se lo hizo saber a su colega literario. Unos datos con toque histórico de un viajero ya famoso y que esos días asturianos significaron la terapia propia y norteña para un Galdós joven, 37 años, y ese afán de seguir escribiendo actualidad y ficción propios de un genio del realismo literario español. La obra narrativa y fecunda de Galdós está novelada con letras de oro y posiblemente ese periplo asturiano tuvo algo que ver en su imaginario estilista y creador con su pluma escribana por acción, pensamiento, paciencia y humildad.

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