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Opinión | Tribuna

Carlos Blanco, música y orgullo gay

El langeano fue el primer artista asturiano en cantar abiertamente a favor de la diversidad sexual, ya a principios de los ochenta

La publicación en 2020 del cedé “Engarradiella, sal del armariu, entra nel pogu” (No Nane Kitchen/Bujarra Ast), sirvió para unir a lo más granado de la escena asturiana del punk, hardcore, ska, y en general del rock ajeno a concesiones comerciales, en la reivindicación de una sexualidad sin complejos y sin estereotipos sociales y políticos. “Fe de Ratas”, “Escuela de Odio”, “La Tarrancha”, “Desakato”, “Skama La Rede”, “Sartenazo Cerebral”, “Skontra”, “Infección”, “La Morgue”, “Sultanes de la Galaxia” y “Delagua”, van desgranando a lo largo del disco un conjunto de canciones donde ponen de relieve la necesidad de dar visibilidad a una realidad que todavía desde algunos sectores de la población, y de las instituciones más conservadoras, se omite y censura cuando no directamente se pasa a la agresión de quien erróneamente se ve como diferente o un enemigo a batir.

Pero si hay alguien en Asturies que fue un auténtico pionero en la conjunción de orgullo gay y sonidos populares éste fue el langreano Carlos Blanco (1949-2019). Nacido en Sama, cultivó un estilo en el que fusionaba la copla, el pasodoble y los aires folk de raigambre astur más trillados con toques de pop melódicos y latinos. Todo ello aderezado con unas letras en “amestau” en las que se combinaban los tópicos de nuestra Asturies “más profunda” –ya saben: La Santina, los verdes montes, la sidra…– con el hachís, la homosexualidad o la liberación de los convencionalismos en el vestir. Fue precisamente este batiburrillo estilístico y temático lo que le alejó de la crítica musical presuntamente “seria” y de los melómanos a priori más “exigentes”.

Sin embargo, su segundo larga duración de 1983, publicado bajo el título de “Puxa Asturias” (Damitor) en formato de vinilo y casete, contiene varias versiones de canciones con letras revolucionarias y reivindicativas en cuestión de identidad sexual, aspecto éste que ningún grupo asturiano de pop-rock y sus derivados se atrevió a “secundar” en este ámbito en tan temprana fecha. Hay que tener en cuenta que habrá que esperar al año 1989 para que “Los Berrones” compusiesen su icónico “Nun yes tú” de gran aceptación mediática y de ventas. Hasta ese momento fue muy escasa, por no decir nula, la producción musical asturiana comprometida con esta causa.

Dentro de este citado segundo trabajo discográfico de Carlos Blanco son varios los temas que merecen, por su contenido libre de ataduras y convencionalismos de cualquier naturaleza, ser destacadas. El primero es una adaptación de la mítica “El Gitano Colorines” (Valls-J.González) que ya popularizara el emblemático El Titi –también lo haría Antonio Amaya– en la década de los sesenta del pasado siglo y en la que se hace una loa a la total falta de prejuicios que un hombre puede tener al vestirse con la indumentaria que más le dé la gana –con todas las connotaciones que cada uno le quiera dar a esta situación– y que en aquellos momentos, y no nos engañemos, también cuando la interpretaba Carlos Blanco en los ochenta, era todavía repudiado por los sectores de la ciudadanía más recalcitrantes.

El otro tema se titula “Libérate” (F.Huertas-V.Raga) y es un auténtico himno a la homosexualidad –con guiños incluidos a los procesos autonómicos existentes en España y al matrimonio del mismo sexo– que también por esos mismos años grabó el ya citado icónico cantante gitano gay El Titi. A ritmo de pasodoble, y con el estribillo que da nombre a la canción proclamado con insistente ímpetu, se defiende el derecho a vivir y disfrutar de las prácticas sexuales que cada cual quiera elegir libremente. Así podemos escuchar en algunas partes de su letra: “Si estás vivo y no estás muerto pues dale gusto a tu cuerpo/no seas más oprimido y busca tu felicidad/lanza al aire tu pancarta para que la puedan mirar”. Destacar por último en este larga duración la presencia de cantos también muy relevantes para la comunidad gay: “Mi vida privada” (Valls-J.González) y “Noche de fallas” (Guerrero-Benito).

Con un amplio registro vocal, el repertorio de Carlos Blanco bebía de una tradición sónica con gran aceptación de público a la que por momentos añadía su particular visión de la vida totalmente alejada de anquilosadas reglas morales. Tuvo una dilatada carrera artística –cerca de cinco décadas– debutando con diez años con la orquesta de Pravia “Boris Sindey” y con doce ya se incorporó a la compañía de revista Teatro Argentino girando por toda España. Su presencia en los escenarios abarca países de Europa –Bélgica (Bruselas), Holanda, Alemania o Francia– así como innumerables ciudades españolas –entre ellas Madrid donde se prodigó bastante– y por supuesto las más significativas de Asturies –Uviéu, Xixón y Avilés principalmente–. Compartió escenario con el Dúo Dinámico, Marifé de Triana, Torrebruno, Pepe Blanco, entre otros muchos. Discográficamente llegó a editar más de veinte referencias entre vinilos, casetes y cedés.

Todo ello nos da una idea del éxito que llegó a alcanzar en vida el que fue considerado uno de los grandes del cabaret en España en el tardofranquismo. No obstante, es de justiciar poner también en valor la unión realizada por este langreano de ritmos de amplio eco mediático y festiva defensa de la causa gay, mérito que consideramos se le debe de reconocer públicamente y sobre el que sepamos nunca se ha hecho mención expresa en los medios de comunicación escrita. Por supuesto no dejen de buscar en su extenso muestrario de grabaciones otras “joyas” rebosantes de irreverencia sexual “adobadas” con altas dosis de ironía. “La Purillo” puede ser una de ellas.

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