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Ismael González Arias

Las vallas del parque

Las expectativas generadas por el futuro parque de La Mayacina, que ha entrado en la recta final de sus trabajos de adecuación y aspira a convertirse en el nuevo “pulmón verde” de Mieres

El perro y yo ya le tenemos ganas al nuevo parque. Llevamos meses dándole vueltas a las vallas. A través de las rasgaduras de la malla yo espío el avance de las obras, mientras él sencillamente levanta la pata y las mea. Pienso que con saña, a ver si por corrosión se caen de una vez. Tampoco es que lleven tanto puestas si las comparamos con las vallas del puente del Norte, que van camino de ser protegidas por la asociación de arqueología industrial.

Como perro, seguro que hubiese preferido un parque inglés. Como yo, un prado verde en medio de la ciudad sin nada más que la hierba. Pero se dio voz a la participación ciudadana y, ya se sabe, se decidió otra cosa. Estamos en tiempos de consejos participativos. Son muy útiles. Mi padre los empleaba mucho. Nos reunía alrededor de la mesa y nos decía: Quiero vuestra opinión, ¿a dónde nos vamos de vacaciones? Y al final, como todos los años, terminábamos yendo a Xixón. Pero, eso sí, el conceyu abiertu había sido consultado. El consejo participativo que diríamos ahora.

La idea del parque inglés es una vuelta a los orígenes. Cuando era pequeño, para ir a les escuelines de Santa Marina, cruzaba les víes, les montañines, la canal y llegaba al patio. Les montañines era lo más parecido a un parque inglés post industrial. En vez de verde había montículos de escombrera. Hacíamos rallies con las bicis. Jugábamos a palín palera. La canal era la canal. Los perros sin cadena disfrutaban a sus anchas de tanto espacio para mear, cagar y relacionarse.

A través de la malla fuimos viendo la evolución de las obras del nuevo parque de La Mayacina. A las órdenes de un director paisajístico. Baldosas y asfalto cruzando el espacio por todas partes. Después farolas y más farolas. Y arbolinos que cuando crezcan se harán arbolonos. Y en nada llegarán los bancos y las papeleras. Imprescindibles estas últimas para echar las bolsinas con la mierda de los perros. Ya suprimieron aquella ordenanza de que los perros no podían entrar en los parques. Ya queda poco para inaugurar. Lo celebraremos. Tampoco se hacen tantas cosas en Mieres como para no celebrar ésta. Tendré el parque a la vera de casa. Todos los perros de los alrededores tienen ganas de meárselo entero. Son los que más contribuirán a darle solera.

Como los niños jugando a la pelota, porque también estará prohibido. Como las parejas besándose de noche en los bancos después de cargarse alguna bombilla molesta. Como las pandillas haciendo botellón mientras escuchan a Residente: “Mi alegría sigue rota / se apagaron las luces en el parque de pelota / ya no queda casi nadie aquí / a veces ya no quiero estar aquí / me siento solo aquí”. Un himno que tanto sirve para el presente del barrio de La Perla del Viejo San Juan de Puerto Rico que para el futuro de los guajes de Mieres del Camín.

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