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Ismael González Arias

A la cola

Esperas en el centro de salud, en el banco, en el Ayuntamiento, para comprar el pan

A primera hora hago cola en el centro de salud. Llego con tres minutos de antelación a mi cita pero tengo a otras 19 personas que deben de tener más o menos la misma hora que yo. La cosa empeora cuando a continuación voy al banco, sin hora asignada y y con una cola más pequeña pero más larga en el tiempo. Después me toca el Ayuntamiento donde la cola es una suma de rabia contenida y aburrimiento. Al final, con más de media mañana avanzada, saco al perro y me acerco a la plaza a coger el pan, con la cola más pequeña pero la que más recuerda las fotos del tiempo del racionamiento.

Éstas son algunas de las cosas que nos ha dejado el covid y que da la sensación que han llegado para quedarse. Una Seguridad Social que prefiere atenderte mal por teléfono a recibirte en persona; una banca que decide unilateralmente que la mayor parte de los trámites tienen horario reducido y que es preferible que aprendas a hacértelos online; un Ayuntamiento que funciona igual que la banca, hasta en lo de sacarte dinero por todo, y al final por lo menos puedo pagar las multas online; y una cola del pan que, al menos, prefieres esperarla antes de tener que comprar el pan de chicle de los hipermercados.

Por estas fechas, hace siete años, estaba en Caracas. Colas en los supermercados, en los dispensarios médicos, en las oficinas municipales del Distrito Capital. Menos en los bancos, todo colas. Algunas voluntarias: fui a un mitin de Maduro. Como otros hacen cola para ver a una estrella del pop. El mismo día podía escoger entre ver a Juan Luis Guerra o a Maduro. Puro entretenimiento. Grande Maduro. Ayer más ruso que nadie. Hoy más americano que nadie. Ya nos queda poco para poder ver lo mismo en Mieres: falta un año para las elecciones municipales. Que pasa en nada. Nuestros Maduros de turno se subirán a los escenarios y no nos hablarán de la cola del pan, ni de la del banco, ni de la del ayuntamiento, ni de la del centro de salud. Nos hablarán de lo bien que lo hicieron y de lo bien que lo harán. Nos dirán, como Maduro, que trabajarán 35 horas al día. En serio, ¡35 horas al día! Que no nos hagas reír que el perro se me mea por la pata abajo.

Ahora vengo de hacer cola en el veterinario. Siete perros por delante. Lo decía tío José Antonio hace 45 años cuando yo estudiaba Medicina: el futuro son los perros. Hazte veterinario. Venía de Nueva York. Allí los perros se peinaban en peluquerías especializadas. Las clínicas veterinarias eran más grandes que nuestros centros de salud. Pero pensábamos que eso nunca iba a llegar aquí. Nuestros perros eran perros de guarda, de custodia y de caza. Pero, sabía lo nuestro: “¿Yes de Mieres? ¿Tienes perru? ¿Tien cadena?”. Y esto ya era una señal del futuro que no vimos.

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