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Luis Alonso Vega

Desde la Meseta

Luis Alonso-Vega

Agua o vino

La recomendación de no incluir alcohol en los menús del día

Entre tantas disposiciones ministeriales nos encontramos en la incertidumbre de tomar el correcto camino a la hora de sentarnos a la mesa en el momento de almorzar: agua o vino.

En mis años de juventud ya en mi casa no había costumbre de tomar vino y de esa forma a mí no me gustó, ni me gusta, el vino. Más adelante, con la difusión de la bebida de cola, mis amigos me tomaban el pelo cuando comía, por ejemplo, una fabada y bebía un bote de cola, en tanto ellos se tomaban buenas copas de vino “para empujar” y a ninguno se le ocurría tomar agua.

En mi casa, solo entraba el vino cuando comía Josefa, la asistenta burgalesa que tuvimos durante muchos años. Ese día, uno de nosotros se acercaba hasta “Casa Patas”, como así llamaban al bar que había en la calle Independencia a la vuelta de la calle Asturias, con una pequeña botella que había sido un jarabe para el catarro bronquial. En referido bar la llenaban de vino de León y esa era la bebida estimulante de Josefa. Si algo sobraba en la botellita se lo llevaba para su casa.

Por Navidad a mi padre solía regalarle un amigo alguna botella de licor, que a su vez aprovechaba para enviarle, por ejemplo, al médico de familia. Vamos, que el alcohol no aterrizaba en mi casa ni por casualidad.

Para que la mentira no me pille, el único vino que llegué a tomar fue el cava por Navidad siendo ya mayor y esporádicamente el vino clarete Navarro y el vino dulce que consagran los sacerdotes.

El Gobierno dispone que debe administrarse gratuitamente agua del grifo a quien la pide. De la misma forma que en el menú de los restaurantes no debe incluirse el vino. Qué formales nos volvemos, ¿verdad?

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