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Ismael González Arias

Échale la culpa al funcionario

El hábito de algunos políticos de trasladar sus responsabilidades a los empleados públicos

Ahora resulta que el juez no imputa a la funcionaria que compró las mascarillas a Luceño y Medina. El señor magistrado descarta que Elena Collado, la funcionaria, cometiera los delitos de prevaricación y malversación. Es más, el juez que instruye el caso rechaza citarla siquiera como investigada. Y ella sigue siendo la funcionaria responsable del departamento de Compras del Ayuntamiento de Madrid. Dice el magistrado que “no existe el más mínimo indicio de una posible cooperación necesaria, complicidad o encubrimiento”. Por mensajes de WhatsApp incorporados a la causa, concluye el juez que la funcionaria es más una víctima que una responsable, directa o indirecta, de los delitos.

Comentamos esta y otras noticias en el parque de perros pegado al campus de la Universidad. Es un lugar tranquilo. Siempre hay más perros que estudiantes. Siempre hay un momento para hablar de fútbol o criticar al gobierno, sea cual sea el tipo de gobierno y gobierne donde gobierne. En el gobierno que sea siempre habrá un político que, como prueba manifiesta de su mal hacer, se escudará echándole la culpa a un funcionario. Sirve cualquier ejemplo. El ayuntamiento de Mieres, sin ir más lejos. Como todo ayuntamiento, siempre se caracterizó por tener políticos buenos y cercanos. Lo que no quita para que los hubiera, y los siga habiendo, rematadamente malos. Me preguntan en la tertulia del parque de perros por los de aquí. Llevo tanto en esto, que les digo que es fácil distinguir a los malos. Si cuando estamos llegando al final de la legislatura, un alcalde o un concejal en vez de mostrar a los ciudadanos lo que han hecho se dedican a criticar a los funcionarios porque no les dejan hacer nada, es un mal político. Y ya es nefasto si ocurre, como en el Ayuntamiento de Madrid, donde después de tanto chorizo que pasó por allí y tantos amigos amiguísimos de sus amigos, le quieren hacer cargar la culpa a la funcionaria que firma el expediente de compra.

Los perros se cansan de dar vueltas. Se nos acercan. Seguro que hasta se preguntan de qué estaremos hablando. Cogemos nuestras cosas y marchamos. Yo, hace dos años en estas fechas, marchaba a vivir a Villaviciosa. Después, a los pocos meses, acabé viviendo en Uviéu. No sé dónde viviré la próxima temporada. En Mieres seguro que no. Le tengo demasiado cariño. Demasiados buenos recuerdos. Quiero seguir recordándolo así. Un lugar con personalidad propia que se fue convirtiendo en anónimo. Cruzo La Vega y no paro de oír sevillanas. Seguimos de Folixa na Primavera. Un poco de música celta un día y al otro flamenco. También viví en Glasgow, donde la música celta era la música del lugar. Y viví en Écija, donde las sevillanas les eran propias. También viví en Mieres. Me lo recuerda la música por los altavoces: “Hoy igual que ayer, todos los días lo mismo”. Seguro que hay un funcionario al que echar la culpa de todo este desastre. De todo este continuo venir a menos.

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