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José Manuel Ibáñez

Comer fruta

Las piezas que se compran hoy, que pudren en pocos días

Resulta una obviedad decir que en Asturias somos afortunados en cuanto a tener a mano fruta autóctona de variado tipo según la época del año, hay de todos tipos.

De todos modos habría que poner el matiz que no resulta fácil tener la oportunidad de disfrutarla, salvo que tengas amigos con cosecha propia que te la ofrezcan, o si acaso en alguna pequeña tienda a la que surtan proveedores locales.

En el momento actual con la globalización todo ha perdido su encanto, y en cualquier mes del año si estás de capricho u antojo, puedes comprar cualquier tipo de fruta por raro que parezca.

Así que los que estamos en los parámetros de mi edad, o por ahí, cuando en nuestro valle todo era muy diferente a lo actual en puro plano general, y éramos guajes, o alevines de chavalinos, uno de los pocos divertimentos que teníamos a mano no era otro que ir a "robar" fruta por las fincas de los alrededores. Todo lo que pintaba; manzanes, peres, figos, cereces, uves…

Unas frutas que nos sabían a gloria por dos motivos, el primero por un sabor que ahora mismo no tiene comparación con lo que te ofrece el mercado, y el segundo por la carga de adrenalina que conllevaba, por si te sorprendían los dueños de la finca y te azuzaban el perro.

Nada comparable con lo que ahora existe, así que en la mayoría de los casos si quieres que te dure un día o dos lo que compras en buena parte de los establecimientos al uso, debes de hacerlo por unidades, ya que caso contrario te llevas la desagradable sorpresa que al menor descuido, las piezas se pudren.

Y miren ustedes que tienen una presentación impecable, relucientes, etiquetadas… que tal parecen para estar expuestas en joyería de lujo, aunque el precio sí va acorde con lo que en ellas se exhibe.

Pero al final la buena presencia resulta del todo engañosa –cual burro del gitanu– seguramente por maduración artificial o conservación en frío, con lo cual pierden su encanto, y su sabor es igual a nada.

No puedo evitar sentir añoranza de otros tiempos –edad aparte– en que todo tenía otro color, y en el caso de la fruta no hace falta decir que otro sabor, sabor verdadero a ella, y no la insípida actual.

Sin duda, en temas como este vamos para atrás.

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