Suscríbete

La Nueva España

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

Francisco Palacios

Líneas críticas

Francisco Palacios

Las vidas del carbón

El cierre de los pozos mineros y las centrales térmicas y el enfoque de dan otros países a este proceso

En la Conferencia de las Naciones Unidas celebrada hace pocos meses en Glasgow se hizo hincapié en la urgencia de avanzar hacia una economía neutra en carbono: llegar a la descarbonización total a mediados de este siglo y consolidar así un "modelo energético sostenible y generador de oportunidades".

Las vidas del carbón

Una decisión que parece utópica si se tiene en cuenta que países como China, la India, Estados Unidos, Sudáfrica, Australia y varios más (casi la mitad de la población mundial) se desmarcaron de la resolución de la Conferencia y seguirán financiando el carbón.

Más recientemente, la Comisión Europea permitió utilizar más carbón (hasta el 5%) para reducir la dependencia del gas ruso y el petróleo ruso. Un plan que puede durar quince años. Y según la Agencia Internacional de la Energía, se prevé que la demanda mundial del carbón alcance este año "un nivel jamás conocido". El carbón supone actualmente más del 30% del consumo energético mundial.

Como contraste, para algunos grupos ecologistas, el carbón es hoy "una rémora cara, sucia e impopular". En tal sentido, la descarbonización se ha convertido para algunos sectores en una suerte de dogma que encubre privilegios e intereses multimillonarios y trata de anular de un plumazo el pasado de una fuente de energía básica en los tiempos modernos.

Por otra parte, muchos especialistas sostienen que no se puede suprimir una fuente de energía (un proceso siempre largo) antes de encontrar otras que sean más ventajosas. Y que si se centra todo en el clima y el medio ambiente es inevitable que el sistema económico sufra grandes convulsiones. El desmedido precio de la electricidad en estos momentos puede ser una de las consecuencias de la falta de rigor técnico en la planificación del tránsito a una economía descarbonizada.

El carbón tiene también otras vidas. Pues el progreso no consiste en aniquilar hoy lo que ayer fue útil, sino en ser capaces de convertir esa utilidad en beneficio de un presente mejor. Por eso, y a pesar de que ahora lo políticamente correcto es agrandar su desprestigio, el carbón sigue mereciendo público reconocimiento en muchas partes del mundo. Así, con motivo del cierre del ultimo pozo minero de Boltrop que seguía funcionando en la cuenca del Ruhr (Alemania), las autoridades alemanas organizaron una popular y entrañable ceremonia en la que resaltaron que el carbón había sido una historia de éxito: "Nuestra gente, nuestra región, le debe mucho al carbón. Le debe cientos de miles de puestos de trabajo, le ha dado bienestar y es una fuente de energía que ha hecho grande a nuestro país".

Asimismo, la geografía del carbón ha sido el telón de fondo indispensable para entender el desarrollo económico, social, político y cultural de estas cuencas. Es decir, el progreso, el drama humano y las luchas por persistir. Y como proclamó Gustavo Bueno al final de una multitudinaria manifestación convocada por los sindicatos mineros de UGT y CC OO en 1991: "El carbón apareció históricamente en Asturias y se desenvolvió aquí siguiendo la ley de la vida, la ley del trabajo, del dolor y del sudor. El carbón se constituyó en víscera esencial del cuerpo viviente de Asturias, casi en su corazón".

Por último, leo en este periódico "Europa busca en las Cuencas modelos de futuro para los pozos mineros cerrados". Desde hace algún tiempo, pozos de estos valles se utilizan para otras actividades. Un potencial geotérmico, turístico, cultural o económico por ahora incierto. Igual que los fondos para la transición energética.

En definitiva, a estas alturas, el acuciante dilema de estas sufridas comarcas es que las demoradas promesas y expectativas se conviertan en tangibles realidades que contribuyan de una vez a su efectiva reconversión. Que deje de ser una utópica aspiración.

Compartir el artículo

stats