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Antón Saavedra

Tribuna

Antón Saavedra

OTAN no, bases fuera

El objetivo de la alianza militar siempre ha sido afianzar la política económica expansionista de Estados Unidos

Hace escasos meses el presidente francés en apuros, Emmanuel Macron, declaraba que la OTAN estaba en muerte cerebral. La Alianza acababa de fracasar en Afganistán y se encontraba, aparentemente, sin proyecto de futuro. Efectivamente al salir vergonzosamente derrotada en Kabul y tras los fiascos salvajes de la intervención de los EE UU en Libia, Bulgaria o Irak, todo daba a entender que la OTAN había perdido el sentido de su existencia, así como su justificación moral, pero, sin embargo, una vez iniciada la guerra en Ucrania como prolongación de la guerra de 2014 en la zona del Donbass, ésta está sirviendo como la coartada perfecta para que los gobiernos lacayos de Europa hayan revitalizado a la aparentemente moribunda OTAN, blanqueando su historia, para hacer frente a Rusia.

Y, de pronto, como por arte de magia, de nuevo la OTAN se presenta como imprescindible, y lo que es peor, las élites políticas, mediáticas y económicas de Estados Unidos, Reino Unido y la Unión Europea han logrado modificar la conciencia pacifista y anti atlantista de gran parte de sus sociedades, incluso cambiando la posición neutralista de pueblos como el sueco o el finlandés.

Creada el 4 de abril de 1949, la OTAN quedaría constituida como un dispositivo agresivo al servicio de los intereses del capitalismo y particularmente del hegemón imperialista surgido de la guerra –los EE UU– basando su estrategia en la construcción de un enemigo y en la guerra permanente contra el mismo, con dos objetivos paralelos pero que atendían a lógicas históricas distintas: por un lado, se trataba de detener el aumento de la influencia de la URSS y por otro evitar las tentaciones revolucionarias de la clase trabajadora de las metrópolis y de los pueblos de las colonias.

En efecto, la máquina de guerra otánica agitó el peligro soviético para blindar sus apoyos pese a que el Pacto de Varsovia no se crearía hasta el 14 de mayo de 1955 y, a la vez, sin tener que declararlo socavó, allí donde pudo, las posibilidades de cambio social y político.

Tras la caída del muro de Berlín en 1989, la disolución del Pacto de Varsovia, el hundimiento de la URSS y los acuerdos del presidente norteamericano de turno con Gorbachov, la OTAN no se disolvió, y pronto se constató que la coartada que justificaba formalmente su existencia era eso, simplemente una coartada porque su razón de ser estaba indexada a los intereses de expansión capitalista y en concreto guardaban una correlación perfecta con los planes de la globalización neoliberal impulsados por los gobiernos estadounidenses. Los objetivos de la OTAN han ido cambiando según se modificaban los de Wall Street y la Casa Blanca. Uno de sus socios más aventajados, Tony Blair, sería muy claro al reformular la doctrina atlantista: "La OTAN no es una necesidad defensiva sino la partera de un nuevo orden global". De forma clara y directa Larry Kudlow tituló un artículo en junio de 2002 en The Washington Times con un contundente "Volver a dominar el mercado... por la fuerza".

Por eso resulta realmente procaz la idea que intentan imponer identificando la OTAN con la democracia olvidando su propia historia cuando la OTAN apoyó a Salazar o a los golpistas griegos o contemporizó con Franco o desde EE UU se afirmó que los golpistas del 23-F eran un asunto interno español. La mejor definición que se puede hacer de la OTAN es que su ideología se fundamenta en la construcción del miedo global.

Y no podía ser de otra manera distinta, cuando el nacimiento de EE UU como nación está basado sobre un genocidio que se justificó con la teoría del "destino manifiesto" –el derecho a la colonización y al genocidio– y ese "destino" no ha hecho más que expandirse dejando un largo rastro de sangre en el mundo entero. País heredero de la piratería colonial y esclavista inglesa, su engendro, el estado sionista de Israel se funda sobre el mismo principio y las guerras coloniales e imperialistas en el mundo son y han sido siempre una misma guerra de clases que se ha refinado y ha desarrollado técnicamente el espíritu de la muerte y el saqueo del planeta.

Es decir, la OTAN dice que quiere la "paz", pero desde su creación siempre ha provocado la guerra para intentar superar las profundas crisis del capitalismo. Y esa es la función específica de la OTAN y de la maraña de instituciones, fundaciones y organismos que la componen. Más claro, la OTAN no es más que el brazo armado del gran capital financiero-militar, que ha creado una intrincada red de poder político e ideológico para defender el colonialismo, el imperialismo y el nazismo y por supuesto hacer una feroz política anticomunista, de tal manera que, enmascarándose en las palabras "democracia" y "libertad" ha servido a la expansión de la potencia hegemónica del momento, EE.UU./Gran Bretaña, cuyo objetivo de siempre ha sido y sigue siendo la destrucción de la URSS primero y ahora de Rusia, un país capaz de hacerle frente y que desde un comienzo fue definido como el primer obstáculo a vencer para la creación de un mundo completamente dominado por los intereses del gran capital anglo americano. No en vano el capitalismo lleva en su vientre la muerte, por eso no está separado jamás del nazismo, porque el nazismo no es más que su expresión desnuda, bestial.

La OTAN, la ONU, la OEA, la OMS y todas las instituciones y medios de desinformación hegemonizados por USA y la UE, se amparan en ese falso concepto de democracia para anestesiar y promover la obediencia de los pueblos a los gobiernos agresores que siembran el mundo de bases militares y de ejércitos mercenarios. Recordemos Yugoslavia, Irak, Libia, Palestina, Vietnam, Siria, Somalia… la criminalización y el bloqueo a Cuba, Venezuela y Nicaragua, los golpes de estado, las revoluciones de colores, las invasiones. Es decir, la lista de crímenes es inmensa y obedece siempre al mismo motivo: expandirse y acumular capital, con su industria financiero-militar como núcleo de esa economía de muerte. Al efecto, resulta atroz pensar que todavía ni siquiera se ha juzgado el crimen de Hiroshima y Nagasaki, ni ninguna otra intervención del imperio, que no son solo militares, caso concreto de los bloqueos, una guerra constante, no declarada y barata.

España, una vez desvanecidas las luminarias de la muy reciente fiesta otánica en Madrid, no debiera confundirse. Que Madrid haya estado por unos días presente en toda la prensa internacional y que la marca España haya ganado puntos en cuanto a su hospitalidad y en referencia a las muchas maravillas artísticas que tiene, en absoluto quiere decir que, a partir de ahora, cuente mucho más en la OTAN, aunque haya tenido que incrementar su aportación con el 2% de nuestro presupuesto. La realidad es que, píntese como se quiera pintar, el tema de Ceuta y Melilla, por ejemplo, queda como estaba y su defensa sometida, tal como dijo el secretario general de la OTAN, a una decisión política. Que Pedro Sánchez haya obtenido las fotos tanto tiempo buscadas con Biden, en absoluto le concede una importancia política mayor dentro de la OTAN ni impide que en una próxima cumbre repita su paseíllo ridículo de Turquía. Si algo se ha logrado, desde mi punto de vista, ha sido un mayor vasallaje y una aportación militar a guerras que nos quedan muy lejanas.

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