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José Manuel Ibáñez

Afilador y paragüero

Estoy en casa leyendo y me llega de la calle el inconfundible sonido de la melodía del chiflo, o flauta de pan, con el que tradicionalmente usan los afiladores para anunciar su llegada desde el siglo XVII.

Todo ello me trae recuerdos cuando eran habituales por nuestros pueblos con su rueda de afilar a pedal y la conocida melodía.

La mayoría de ellos procedían de Orense , que por eso se conocía como la "terra da chispa".

A estas alturas, y con la irrupción de las nuevas tecnologías que desterraron todo lo artesanal, estaba en la creencia que el oficio había desaparecido, pues no, eso si la antigua rueda de pedal ha sido sustituida por artilugio más manejable que se acopla a bicis, motos o coche, pero el sonido de la llamada sigue intacto. E incluso el 6 de mayo es su fiesta anual.

En la Galicia profunda tierra de meigas, embrujos y santerías, existía la creencia de que su llegada a los pueblos y aldeas era augurio de la muerte de algún vecino, lo que en alguno de los casos suscitaba cierto temor.

Junto con el afilado también arreglaban paraguas, pero con la "invasión" china comprar uno salía más barato que poner simple varilla, se acabó.

Así que simplemente tengo que decir que me alegró mucho volver a escuchar la melodía del chiflo del afilador y la consabida vuelta de un trabajo artesanal que creía perdido para siempre, más con la cultura del usar y tirar que la sociedad nos ha impuesto para mal.

En coincidencia con ellos también era habitual la visita de los mieleros de La Alcarria, que de viva voz cantaban "Mielero, miel de la Alcarria" que transportaban en tinajas y vendían a granel. En su mayoría provenían del pueblo alcarreño de Peñalver donde hoy en su plaza mayor tienen dedicada una estatua de bronce, así como un museo. La competencia de las grandes compañías –otra vez la dichosa China– lo han reducido al mínimo.

En Asturias no nos podemos quejar, pues la nuestra es de las mejores del mundo, con variedades como la brezo, eucalipto, castaño o roble, que nos las quitan de las manos.

Dos recuerdos para la nostalgia de tiempos que no voy a adjetivar, pero que con la vuelta del afilador me prestaron mucho.

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