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La aportación de las Cuencas a la Feria de Muestras

Un recorrido por los pabellones de Mieres y Langreo en la Exposición Regional de Gijón de 1899 y por los eventos posteriores

Este verano leía en este diario que la Feria de Muestras iba a recuperar este año todo su esplendor, alcanzando la plena ocupación con 700 expositores de los cuales el 25% son de fuera de nuestro país, tras haber sido golpeada durante dos ediciones por la dichosa pandemia, teniendo que ser cancelada en 2020 y contando con una edición atípica el año pasado, ya que contó con menos metros comercializados y, a decir verdad, la mayoría de stands fueron al aire libre.

Por lo tanto, se ha recuperado una costumbre que desde siempre ha estado ligada al hombre, ya que desde tiempos inmemoriales hemos sentido la necesidad del intercambio comercial. Las primeras evidencias que tenemos de ello se remontan a los egipcios, griegos y romanos, siendo a estos últimos a quienes le debemos que las ferias se establezcan en lugares de forma permanente y que se emplee la moneda como valor de cambio. En España, han sido varias ferias las que han tenido su lugar en la historia como la de Jerez de la Frontera, concedida por Sancho VI en 1286 o la de Burgos, que Alfonso XI concedió en 1339, sin olvidarnos de la de Medina del Campo que alcanzó la consideración de Feria General del Reino gracias al apoyo de los Reyes Católicos.

La aportación de las Cuencas a la Feria de Muestras

La aportación de las Cuencas a la Feria de Muestras / Adrián Vega

Como es sabido, en el siglo XIX, se produce un importante desarrollo industrial, hecho que motivó que estas ferias pasasen de ser meros puntos de intercambio económico, a estupendos escaparates para promocionar los avances tecnológicos de un país. En ese contexto nacen las Exposiciones Universales, cuyos primeros exponentes fueron la Gran Exposición de Londres de 1851, catalogada como la primera exposición mundial con 14.000 expositores y 6 millones de visitantes, seguida de la de París de 1855, que contó con 24.000 expositores y 5 millones de visitantes.

De esta última, ya se tiene constancia de la presencia de la "Compagnie Minière et Métallurgique des Asturies", embrión de lo que más tarde sería Fábrica de Mieres, en este tipo de exposiciones, donde entre otras cosas, la compañía aprovechó la ocasión para presentar el acero inoxidable como uno de los productos del hierro, lo que suponía toda una revolución para la época, pese a que hoy en día este producto sea tan común en nuestros hogares. La empresa, en pleno furor por estos eventos esenciales de la cultura de masas, asistiría a las exposiciones nacionales como la celebrada en León en 1877, o la Exposición de minería de Madrid de 1885 y también a la de Barcelona, celebrada en 1888, obteniendo en todas ellas la medalla de oro.

La aportación de las Cuencas a la Feria de Muestras

La aportación de las Cuencas a la Feria de Muestras / Adrián Vega

En nuestra región, parece ser que la primera exposición fue organizada por la Sociedad Económica de Amigos del País en Oviedo en 1783, y que, tras la Guerra de Independencia, en 1814, se realizó una de carácter agrícola para impulsar la producción agraria que estaba herida de muerte tras la invasión francesa. A estas ferias, le siguen una muestra de arte y de pintura en 1844 hasta que, en 1875, el Ayuntamiento de Oviedo tomó las riendas para celebrar una exposición provincial asturiana sobre las riquezas naturales y las artes en Asturias durante las fiestas de San Mateo y en la que la compañía de Numa Guilhou obtuvo un diploma de primera clase.

Tras este breve recorrido histórico, le llega el turno a la Feria Internacional de Muestras de Asturias (FIDMA) la cual celebrará este año la edición número 65 de un evento que data de 1924, aunque realmente tuvo su origen en la Exposición Regional de Gijón de 1899, la cual se celebró entre el 23 de julio y el 15 de septiembre de ese mismo año.

Previamente, se había creado la Cámara de Comercio de Gijón, cuya presidencia recayó en Luis Adaro y Magro, quien en 1883 fundó la empresa "La Unión Hullera y Metalúrgica de Asturias", que agrupaba las minas Mosquitera, María Luisa y Justa. Un año antes de ostentar dicho cargo, en 1888, adquirió los grupos Sama y Santa Bárbara. La sociedad Duro-Felguera aún tardaría en llegar, pues hasta 1906 no se dio la fusión empresarial de Unión Hullera y Duro-Felguera, siendo al poco nombrado como director general. A pesar de que el mandato de Adaro fue de escasa duración, su presidencia duraría sólo un año y se encargaría tan sólo un mes después de la creación de la Cámara, de organizar la Exposición Regional y de sentar las líneas de trabajo de dicha entidad.

Ya puesta en funcionamiento, dicha exposición contaría con la presencia de numerosas industrias, como es el caso de los pabellones de Langreo y Mieres, los cuales habían agrupado sus industrias en sendos expositores. El pabellón del Valle de Langreo, tenía una extensión de 200 metros superficiales y estaba decorada al exterior con obeliscos, frisos de carbón y presentaba en el interior los objetos que exhibían las minas de la "Unión Hullera", los trabajos de la "Compañía de Asturias" de la gran fábrica "La Felguera" y otra porción de importantes establecimientos productores que realizaban sus labores en dicha cuenca hullera asturiana.

El pabellón de Mieres, estaba compuesto por las industrias de Fábrica de Mieres, Hulleras de Turón, la sociedad Tres Amigos y la Hullera Española. Como bien puede comprobarse en la fotografía que ilustra este artículo, esta edificación era de estilo caprichoso, mezcla de Renacimiento y estilo gótico y fue considerada como muy elegante según las crónicas de la época, las cuales también destacan que contaba con unos "hermosos jardinillos". De igual modo, llamaba la atención una locomotora, propiedad de Fábrica de Mieres, que aún estaba en construcción y contaba con una chapa doblada sin estampa.

Una vez dentro del expositor, se podían estudiar unos bonitos modelos de fundición y según parece, estos contaban con detalles muy finos y similares a unos que se exponían también en Madrid. La fábrica mostraba en una escalinata todos sus productos con lingotes de hierro, acero y chapa. De forma similar, se mostraban también bovedillas, banetas de pruebas a tracción, angulares, dobles TT, carriles y una serie completa de sus hierros perfilados. También se exhibían muestras de materiales refractarios fabricados por dicha sociedad, tanto en sus formas corrientes como en las que usaban en hornos para acero y fabricación de cok.

Finalmente, completaban la instalación de Fábrica de Mieres unos grandes tochos de acero Martin-Siemens, cuya pecularidad residía en que su fabricación era muy económica, ya que se realizaba mediante un horno de crisol abierto y por eso llevaba el nombre del ingeniero que inventó dicho procedimiento. De igual modo, se apilaban bloques de hulla de las minas, cok fabricado en los hornos y combustibles de varias clases.

Por su parte, la sociedad Tres Amigos, la cual por aquel entonces estaba formada por un grupo de industriales de Mieres, presentó cok fabricado en pilas y magníficos planos que contaban de manera detallada todas las labores que realizaban, mientras que Hulleras de Turón mostró un bonito arco construido con aglomerados de hulla y adornado con atributos de la minería junto a varias vagonetas cargadas con hullas de varios tamaños, aunque llamaba poderosamente la atención de los visitantes, una vagoneta de hierro que tenía unas excelentes muestras del cok metalúrgico que producían en los hornos de dicha propiedad.

Aunque quizás el stand más original de todos fue el de la Hullera Española, la cual había sido creada en 1892 por Claudio López Bru, II Marqués de Comillas. Su muestra consistía en una pirámide construida con sus aglomerados, que tenía por base una labor minera limitada por grandes trozos de hulla. En la parte anterior, unas divisiones construidas por aglomerados, encerraban varias clases de carbón que salían de sus talleres de clasificación.

Ya fuera del pabellón mierense, concretamente en el de Bellas Artes, los visitantes admiraban un retablo, obra de Félix Granda y Buylla, el cual se creía que estaba llamado a ser emplazado en la mansión que los Guilhou tenían en Mieres, siendo su destino más inmediato la capilla de Santa Marta de Betania hasta su morada final, encontrándose hoy en día en la iglesia parroquial de Santa María Magdalena de La Rebollada. Dicha obra recibiría la Medalla de Oro de la Exposición Regional de Gijón de 1899.

La muestra finalizó con un éxito apoteósico, con la nada desdeñable cantidad de 146.554 visitantes, siendo sin duda el germen de la Feria de Muestras de Gijón tal y como conocemos actualmente, cuyas exposiciones sirvieron de experiencia para la organización de este nuevo concepto de ferias. En las primeras se presentaban los productos de forma muy similar a la propaganda para orgullo de la región o del país al que representan, mientras que en estas últimas el objetivo es el de incrementar las transacciones comerciales.

En la edición de 1929, se vuelve a reforzar el vínculo de nuestros concejos con dicho evento, ya que por ella circularía un ferrocarril de locomotora eléctrica construido en Duro-Felguera y la gran atracción de ese año era la "Mina Asturias", la cual consistía en la simulación de una mina, cuya fachada reproducía a menor escala la del socavón Barredo de la mina Mariana de Mieres, en un invento muy similar a lo que hoy en día viene siendo el Museo de la Minería y de la Industria de Asturias (Mumi) o la antecesora de este museo, la mina imagen de La Colladiella.

La "Mina Asturias" tenía una longitud de 34 metros y a los 27 metros de la galería, estaba el pozo de ventilación, a cuya altura se iniciaba la explotación de la capa y un tractor de aceite pesado recorría el interior de la mina. El frente de la entrada tenía un busto de Guillermo Schultz, réplica del que se encuentra en la escalinata del Ayuntamiento de Mieres y a sus lados contaba con dos departamentos: el de la dirección, donde se facilitaban datos sobre las minas asturianas, como de la clase de carbones o sus precios, y la lampistería, la cual contaba con una buena colección de lámparas de seguridad de la Casa Adaro. Según relatan las crónicas de la época, contaba con un corte que permitía que se viera como se hacen las galerías transversales e incluso contaba con una piedra de carbón de 1.500 kilos extraída del pozo Pumarabule, todo ello entre un ambiente muy conseguido en el que daba la sensación de haberse metido en un pozo minero.

Por ello, no debemos de tener la sensación de que la aportación de nuestras cuencas mineras ha estado históricamente limitada a la celebración de un día dedicado a un municipio en cuestión, pues nuestro vínculo tiene más de 120 años de historia, lo que nos convierte en uno de los expositores más veteranos y en todo un clásico en el verano de Gijón, tanto o más que el afamado bocadillo de calamares que nunca puede faltar.

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