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Carlos Cuesta

A contracorriente

Carlos Cuesta

Predestina, los fogones como honra

En recuerdo de Predestina Fernández, cocinera del restaurante Peña Mea de Villoria, fallecida el 2 de septiembre

Fueron muchos años envuelta entre fogones y excelentes recetas desde el bar restaurante Peña Mea en Villoria –Laviana–. Predestina cumplió con creces su peregrinar vital con la labor bien hecha y siempre arropada por su marido Petón en las labores de intendencia hostelera. Y en el esfuerzo cotidiano, con un trabajo perseverante y decidido fue el revulsivo de un éxito colectivo y familiar. Y de esa manera "el Peña Mea" fue siendo un local de buen comer y beber con las bodas y convenciones de obligado encuentro social. Y en el concejo de Laviana este establecimiento era un reflejo de la cocina tradicional, la cocina de estos lares en el antiguo coto medieval de Villoria. Y en su santuario cocinero vio pasar la vida Predestina siempre guiada por sus sabias manos y su técnica culinaria, una herencia de su madre y abuela. Y en este reino de sabores y saberes, esta mujer talentosa para las ideas magistrales en cocina recuperó muchas recetas de la zona donde brilló con luz propia el cabritu con patatinos, emblema gastronómico del concejo lavianés y gran aportación a la culinaria regional. Y Predestina con su elegancia coquinaria puso en el mapa autonómico este plato bizarro, sabroso y rural.

Predestina, los fogones como honra

Hoy, con su muerte se la recuerda con afecto por sus próximos y conocidos que eran legión, pues en el tiempo que desempeñó su labor cocinera se granjeó la simpatía y las buenas sensaciones de una clientela fiel. Una vez jubilada siguió controlando la labor doméstica de los potajes y los típicos preparados cárnicos con su marido Petón de apoyo y su hijo Joselín y esposa, de guías directos en la buena marcha del negocio lavianés. Y por circunstancias de ubicación "el Peña Mea" cambió de destino con un cambio estratégico para tierras de Llanera, dejando al rincón de Villoria huérfano de un establecimiento emblemático. A veces las normas urbanísticas mandan en exceso y dejan a los negocios perdidos en un limbo. Cosas que suceden. Y Joselín siempre apostó por Laviana pero la Administración local limitó la ampliación de un complejo hostelero de primera magnitud. Y Llanera se llevó el gato al agua. Predestina conoció este momento y aceptó la nueva sede con cierta resignación.

Lo cierto es que su pasión por los fogones y su alma de íntegra guisandera quedarán en el recuerdo de quienes la trataron. El trabajo fue su vida, la familia su amor y las buenas recetas, saladas y dulces, todo un patrimonio a mantener. Las nuevas generaciones de esta familia lavianesa bien lo saben.

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