Suscríbete

La Nueva España

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

Javier García Cellino

Velando el fuego

Javier García Cellino

Placebos progresistas

El uso del lenguaje para para intentar tranquilizar a la sociedad cuando la realidad es que la sanidad pública va a peor, que la despoblación es una realidad o que la crisis industrial sigue avanzando

Eludir la realidad o disfrazarla con un ropaje que venga mejor a nuestras intenciones ha sido siempre un juego de moda que evita describir el mundo en su verdadera dimensión. De este modo, utilizamos con frecuencia los eufemismos, que son como un placebo que sirve para entretener la herida, pero que, a la postre, resulta ineficaz, pues solo alivia los síntomas superficiales. Y así, mezclando con habilidad esa sustancia química, compuesta de píldoras de azúcar y de suero inactivo, se consigue trasmutar la realidad dotándola del argumento más conveniente según los intereses de cada cual.

Por lo que se refiere a la farmacopea política de moda, nuestros gobernantes se esfuerzan a diario por recetarnos fuertes dosis de tranquilizantes, entre los que, a su juicio, sobresalen las pastillas del progresismo. Y así, escuchamos de continuo frases tales como: "Vamos a adoptar medidas progresistas"; "vamos a gobernar de una forma progresista"; "vamos a…." , y siempre con la manoseada musiquilla a cuestas.

Sabedores nuestros políticos de que quien domina el lenguaje puede llegar a poseer las llaves del éxito, se han empeñado en usar una especie de flores relajantes, unas infusiones de tila cuyo objetivo es que no perdamos el sueño ni se altere nuestro sistema nervioso ante el aluvión de problemas que nos visitan todos los días.

Que la sanidad pública vaya cada vez a peor (la atención primaria o la demora en las citas, entre otros, constituyen un panorama escasamente grato), pues ya se sabe: políticas progresistas y ya está. Que no cesan los intentos de privatización de la enseñanza o que el declive demográfico y la despoblación amenazan nuestro futuro, pues más de lo mismo: políticas progresistas a tutiplén. Que el desempleo y la crisis industrial avanzan a toda máquina, no nos preocupemos, para eso están las medidas progresistas. Que…, Por favor, no se excite y acostúmbrese usted a tomar la dosis adecuada de progresismo.

Cierto es que el buen uso del lenguaje puede ser sinónimo de éxito, pero, de la misma manera, el abuso del mismo, sobre todo cuando los placebos son de práctica común, puede llegar a producir el efecto contrario. O, en su caso, a igualar el resultado de la medicación, puesto que la derecha liberal y conservadora lleva muchos años dulcificando su lenguaje como herramienta para hacer llegar sus propuestas a la ciudadanía. ¿O acaso es más recomendable la etiqueta de "medidas progresistas" que prescribe este Gobierno que las denominadas "medidas para la prosperidad" con las que la oposición se llena la boca?

Se confunden quienes, en momentos de crisis, se apresuran a derribar las estatuas, dado que estas, en lugar de borrar el camino, lo que hacen es mostrárnoslo con más claridad. Así la sustitución de palabras antagónicas como izquierda y derecha, defensa de los débiles o apoyo a los poderosos, solo sirve para iluminar nuestra ruta. Somos lo que somos no por casualidad. Y, precisamente por ello, el lenguaje firme, y la firme defensa del mismo, vino siempre desde la misma orilla, por mucho que se esfuercen quienes pretenden resucitar el pasado. Sin duda que estos convulsos momentos intentan ser aprovechados por tantos nostálgicos y retardatarios de la historia. Pero no nos engañemos: esta no se ha construido, precisamente, con placebos progresistas; sino con vitaminas de sudor y lágrimas, que no es lo mismo.

Compartir el artículo

stats