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Javier García Cellino

Velando el fuego

Javier García Cellino

La Suiza

La sentencia judicial contra los sindicalistas de este establecimiento gijonés es desproporcionada, una muestra más de los prejuicios existentes en algunos altos cargos de la magistratura

El conocido como bálsamo de Fierabrás pertenece al conjunto de remedios mágicos de la literatura caballeresca medieval. Sus salutíferos efectos son muy variados, eso se dice, sobre todo para curar heridas y llagas persistentes.

Algo parecido debieron de pensar quienes fabricaron otro remedio con el que se pretendía hacer desaparecer los padecimientos de nuestro país, tras cuarenta años de continuadas fiebres. La denominada Transición sustituía así al bálsamo de Fierabrás, e iba a ser una terapia enérgica y segura con la que en adelante nos abrazaríamos a la modernidad. No más zonas oscuras en nuestra piel, no más purulencias políticas que nos impidieran conciliar el sueño. Habíamos subido al tren de la democracia y con ese billete viajaríamos cómodamente hacia el futuro.

Por eso, cuando algunas personas alertaban de que no había desaparecido el peligro de la extrema derecha: falangistas, Guerrilleros de Cristo Rey y demás fauna política, se escuchaban frases como: "Otra vez igual; sois unos agoreros"; "siempre veis peligros por todas partes"… Sin embargo, ese tiempo que todo lo muda pero que también en ocasiones abre sus ventanas para iluminar pasajes de nuestra historia reciente, nos demostró que ese riesgo no solo no se había volatizado, sino que, mediante una hábil metamorfosis, volvía a encarnarse ante nosotros. Vox es una realidad bien visible, por mucho que nos empeñemos en imitar a los ciegos.

Y lo mismo sucedía con los jueces y altos puestos de la magistratura. Bastaba con mostrar reticencias al respecto: "No se han depurado los cuerpos de seguridad y demás poderes del Estado"… para que se volviera a escuchar el mismo sonsonete.

El caso actual de la pastelería La Suiza, en Gijón, vuelve a destapar la realidad de un país en donde, al margen de algún que otro logro que no afecta para nada a los pilares económicos del sistema, pues estos permanecen incólumes, los encargados de repartir justicia dictan una sentencia que, además de su desproporción, vulnera por completo alguno de los fundamentos del Derecho. Sabido es que, tras las pertinentes pruebas practicadas, los hechos probados son los principales ingredientes en el relato del juez o tribunal, lo que sirve como argumento principal para documentar adecuadamente las sentencias que se dictan.

Pues bien, ¿cómo es posible entender que a pesar de haber quedado probado que en las acciones no hubo disturbios, ni destrozos de material urbano o agresiones y que los clientes, pese a la lógica molestia de tener que atravesar un piquete informativo, pudieron seguir accediendo a la pastelería, se haya dictado una sentencia por la que seis sindicalistas puedan dar con sus huesos en la cárcel?

Claro que todo resulta más fácil de comprender si nos detenemos, entre otros datos reveladores que se podrían citar, en el historial del juez, conocido como el "Justiciero de Poniente" (famoso por sus sentencias contra todo lo que trate de activismo sindical).

Pese a la existencia de tantos optimistas (interesados, en la mayoría de los casos), nunca se ha ido de nuestro entorno la frase de Bertolt Brecht: "Malos tiempos para la lírica". Así que una de dos: o el bálsamo de Fierabrás se ha hecho viejo, o la Transición nunca tuvo tantos efectos saludables como nos vendieron los inventores de la receta. Lo que ustedes prefieran.

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